Abrí los ojos muy desorientada, pero ya no estaba en el parque. Desperté entre rostros desconocidos. Estaba sentada en una cafetería, rodeada por tres hombres, uno de ellos vestido con el uniforme de una cafetería cercana a mi casa. Los tres hombres me miraban fijamente, mientras uno me abanicaba con un periódico usado, otro me empapaba la frente con agua fría que, aunque me aliviaba, no podía dejar de sentirme asustada. ¿Qué había pasado? ¿Por qué no me acordaba de nada? Lo único que recordaba era cómo caía al suelo por un terrible dolor de cabeza.
—¿Estás bien? —Uno de los dos chicos habló. Mientras me mojaba la frente y la nuca con agua fría me observaba preocupado. A su lado, un chico rubio y con gafas no paraba de mirar la calle, hecho un manojo de nervios. Asentí como buenamente pude, aún a pesar de que cada movimiento de cabeza se me hacía una tortura particular.
Me incorporé en la silla, cuidando de no mover en exceso la cabeza. Inmediatamente después el chico rubio se giro hacia nosotros, y con el rostro congestionado recogió sus bolsas.
—Vamos Jay, hay que irse.
—¿Qué? No podemos irnos y dejarla sola.
Con un gesto brusco me tomó por el brazo, haciendo que todo mi cuerpo se zarandease, provocándome un dolor de cabeza aún peor. Me soltó, pensando que sería capaz de mantenerme en equilibrio, pero no era así. Fui salvada del suelo por el chico al que había llamado Jay. Que me recogió con un brazo, evitando mi caída.
—¡Vamos!
Jay me echó un último vistazo y con un gesto de disculpa me pasó uno de mis brazos por su cuello, mientras me aseguraba agarrándome por la cintura. Caminamos a trompicones, entorpeciendo el paso acelerado del otro chico.
—Alex, para. Por favor, la chica a penas puede moverse bien. —Alex le ignoró, soltó un gran suspiro, lleno de rabia—. Alex, ¿qué coño te pasa ahora?
Se giró bruscamente y con cara asesina le señaló el otro lado de la acera, por donde se veía un chico encapuchado, que nos observaba. La capucha tapaba su rostro, y llevaba las manos metidas dentro del bolsillo central de la sudadera.
—No... No puede ser Alex... Le habíamos dejamos de lado.
—Pues está visto que no —gritó Alex. Miré a ambos, completamente desorientada, esa figura se me hacía familiar, pero ¿por qué? La esbelta figura del encapuchado desapareció y ambos chicos se miraron asustados—. El puto capuchas de las narices.
—Alex ese tío está muy raro. ¿Desde cuándo nos ha acechado por la ciudad? Nunca nos ha perseguido por la ciudad. Y está distinto.
—Deja de decir tonterías. —Reanudó la marcha, dando grandes zancadas que Jay apenas conseguía seguir, ya que tenía que cargar conmigo—. Ese tío es el mismo de siempre.
—Parece más alto y delgado. Por Dios Alex hazme caso. Incluso se mueve distinto.
—¡Qué camines, coño!
Jay se calló de inmediato. Le miré con rostro apenado, no sabía a qué se estaban refiriendo, y realmente me estaba dando miedo, ¿de qué huían? ¿Serían unos delincuentes o algo? No sabía lo que estaba ocurriendo, pero desde luego no debería tratar así a Jay. Acaricié su hombro como buenamente pude, intentando darle ánimos, pero de poco sirvió. Seguimos andando, apurados, con la constante sensación de que nos seguían. Cruzamos una calle, y nos colamos por una callejuela, pero ésta, estaba cortada.
—Mierda... ¡Joder!
Comenzamos a escuchar pasos, andaban de forma cauta, pero no se molestaban por ocultar el ruido que hacían. Nos giramos, pero no aparecía nadie. La tensión iba en aumento, con cada paso nuestros corazones iban a mayor velocidad, no me creía capaz de mantener mucho más tiempo ese estado de alarma. Por fin una sombra se proyecto en el suelo. Nuestro perseguidor sabía perfectamente que le habíamos visto, y jugaba con nosotros. Por fin aquella esbelta figura encapuchada apareció. Con una sudadera blanca que brillaba con cada rayo de sol que le alcanzaba. Caminó hasta nosotros, con paso lento y relajado. Noté como el cuerpo de Jay se tensaba bajo mi brazo. Su espalda se irguió, alzándose y poniéndose en una posición propicia para la huida. Agarró con mayor fuerza mi cintura, intentando avisarme de que saldríamos corriendo en cualquier momento.
—¡Suéltala! —Pegamos un pequeño brinco ante su voz. La cual reconocí al instante. Ese chico, era él, el que se coló en casa. Jeff the Killer, había dicho que volvería a por mí. Y lo había cumplido. Comencé a temblar, y Jay me apretó más. Con un bufido nuestro perseguidor volvió a hablar—. He dicho, que la sueltes.
Sacó un afilado cuchillo de su sudadera y comenzó a jugar con él. Alex metió la mano dentro de su abrigo y sacó una pistola, levantó el brazo y apuntó con ella a Jeff. Por su parte, Jeff asintió, como si disfrutase de un macabro espectáculo. Alex apretó el gatillo, y la bala salió disparada hacia Jeff. Pero no le dio, la esquivó, pegándose a una de los lados de la estrecha callejuela.
Alex siguió disparando, intentando acertarle en algún momento, mientras Jay me ponía contra la pared, intentando tapar la cabeza de ambos.
—¡Alex para! ¡Nos vas a matar!
Pero Alex no prestó atención a sus palabras, seguía pegando tiros de forma ridícula, malgastando las balas que en algún momento nos podrían haber sido de verdadera ayuda. En una pequeña carrera Jeff alcanzó a Alex y le acertó en la nuca con el mango del cuchillo. En ese momento de distracción Jay se levantó, obligándome a mí a hacerlo también, y comenzó a correr, tirando de mi mano como un poseso. Con pasos atropellados avanzamos, desandando el camino, llegando así a una calle algo más ancha, pero igualmente sin tránsito. Corría a una velocidad a la que mis temblorosas piernas no estaban acostumbradas. Una mancha blanca se movió y fui capaz de captarla por el rabillo del ojo.
Jeff nos adelantó y se tiró encima de mí, arrancándome de la mano de Jay. Me cogió como un saco de patatas y me cargó en sus hombros. Corrió conmigo encima, aún a pesar de las constantes patadas y puñetazos que le propinaba. Jay nos persiguió, intentando recuperarme, pero Jeff se cansó pronto y lo dejó tirado en el suelo con un par de puñetazos. Una vez noqueado, Jeff corrió conmigo a sus hombros, soltando de vez en cuando una pequeña risilla que hacía que todos los pelos de mi cuerpo se erizasen de puro terror.
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Slave of Creepypastas.
Fanfiction¿Crees que los Creepypastas no son tan malos? Entra y lee la historia de Lara, la cual fue obligada a servir a algunos de ellos. Ven y descubre que los asesinos, siempre serán asesinos. ¿Crees que sobrevivirás? 25/06/2023 #9 #LAUGHINGJACK 19/06/202...
