Capítulo XIV

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La noche transcurrió sin la mayor complicación que el incesante recuerdo de aquellos ojos. No pude pegar ojo en toda la noche pensando en ese chico. Ese muchacho que había hecho salir de mi mente recuerdos que no creía que en verdad fuesen míos. Pero si no lo eran, ¿qué eran entonces? ¿Ensoñaciones? Imposible. Ppr muy pervertida que yo llegase a ser, no era capaz de tener unas fantasías tan vívidas con una persona a la que apenas conocía.

¿Recuerdos? Cómo podían ser recuerdos, si no me acordaba de él. Durante toda la noche creía saber cómo sabían sus labios y si sus caricias eran suaves o no. Pero por la mañana a necesiad de volver a verlo volvió, como un rayo surcando el cielo de una tormenta, intenté controlarme a mí misma. Hacerme entender que aquello no podía ser posible.

Salí de la cama, aún bostezando, sintiendo como el calor que se había acumulado dentro de las sábanas durante toda la noche me abandonaba poco a poco. Un escalofrío me recorrió la espalda y rápidamente me puse una chaqueta por encima. Y así bajé, con los pantalones del pijama y una sudadera de calle encima.

Pasé de largo el baño y bajé las escaleras, con pasos pesados, pero que intentaban ser cuidadosos para no tropezar y caerme.

La casa estaba silenciosa, no se escuchaba nada a parte de los ocasionales coches que pasaban al lado. Fui hasta la cocina y por todo rastro de vida lo que encontré fue una nota.

"He tenido que salir por trabajo. Te veré después del mediodía".

Era una nota de Jack. Me encogí de hombros y simplemente fui hasta la nevera para sacar un poco de zumo. Me senté en una de las sillas de la cocina y alcé la vista hasta un reloj colgado justo encima del marco de la puerta. El mediodía había pasado, cosa extraña ya que no había dormido nada y creía que era aún pronto en la mañana. Observé por unos minutos el reloj y el pasar de las manecillas mientras sostenía cerca de mi cabeza el vaso de zumo frío.

Desde hacía unos días me parecía que no era capaz de medir bien el tiempo. Era como si todo estuviese distorsionado. Siempre acababa decidiendo no darle importancia, pero  a veces me parecía que lo que yo creía apenas unos minutos, para el resto del mundo eran un buen par de horas.

Y así permanecí por no sé cuánto tiempo, hasta que el ruido de la puerta al abrirse me sacó de mis pensamientos. Por la puerta vi aparecer a Jack.

No estaba muy segura de si hablarle o no, ya que su cara lo decía todo. Su ceño, rara vez arrugado, ahora lo estaba. Tenía los hombros algo hundidos y parecía como si le hubiesen echado una buena bronca. Lo miré, alzando las cejas mientras seguía pasando el vaso frío por mi cabeza, la cuál me empezaba a doler, como ya era casi siempre habitual.

Jack giró ligeramente la cabeza, dedicándome una gélida mirada que por poco no me hace correr y salir huyendo. Pero permanecí en el sitio, esperando a que hiciese o dijese algo más.

    —Queda prohibido que salgas sola de casa.

Sus palabras me extrañaron y justo cuando iba a replicar se marchó subiendo las escaleras. Me levanté a la carrera para seguirlo, pero para cuando llegué al pie de las escaleras él ya estaba casi en la puerta de su cuarto. Subí las escaleras a toda prisa y abrí su puerta sin tocar primero.

    —¿Por qué no puedo salir sola de casa?

Pronto me arrepentí de abrir la puerta sin avisar. Jack estaba cambiándose, aunque por suerte para mi tan sólo le había dado tiempo a quitarse los zapatos y la camiseta.

Divinos designios de la vida el verle así. Aunque para mi, él era como un hermano mayor, y no guardaba dentro de mi ningún sentimiento extraño o perturbador hacia él. Jack siempre me había parecido un hombre muy guapo, y ahora podía apreciar que con falta de ropa también era muy atractivo. Su reacción fue inesperada. En vez de gritarme y echarme fuera de la habitación, como habría hecho cualquier persona normal, siguió desnudándose como si nada. Y aunque mi curiosidad quería seguir viendo aquél paisaje maravilloso, me giré. Con la cara completamente roja. Evité darme la vuelta hasta estar segura de que se había cubierto.

Escuché el sonido de la puerta del baño al cerrarse y entonces me acerqué a ésta y me senté al lado, abrazando mis rodillas sin entender qué había hecho mal para que no quisiese dejarme salir sola de casa.

Sentía mi cara arder y esta vez no era de vergüenza, si no de frustración. Era frustración que se acumulaba en mis ojos y me hacía soltar pequeñas lagrimillas. Pasé un rato ahí hasta que por fin el sonido de la ducha cesó y a los pocos segundos Jack salió. No me hizo falta alzar la vista para saber que había sido cauto y se había cubierto, enrollando una toalla en su cintura. Se agachó hasta quedar a mi altura y me obligó a levantar la cara.

Observó las pequeñas lagrimillas que corrían por mis mejillas e intentó limpiarlas con sus pulgares. Pero sus manos aún estaban muy húmedas y más que limpiarlas lo que consiguió fue diluirlas.

    —Eh... —Escuché su grave voz—. No es culpa tuya.

    —¿Entonces?

Mi voz sonaba trémula y entrecortada, en parte por el llanto, en parte porque estaba muy cerca de mi y recién salido de la ducha. Permanecimos en silencio hasta que al final su voz lo desarmó. Clavó sus ojos sobre los míos y con una mirada seria, pero que en el fondo guardaba algo parecido a la ternura dijo.

    —Han aparecido varias personas muertas —Rápidamente mi mente trajo del pasado la imagen de la persona vestida de azul que me siguió—. A partir de ahora quiero que me avises en cualquier momento en qué lugar estás. Y sobre todo. Quiero que me digas con quién vas.

    —Pero...

    —No —Su voz sonó algo más fuerte, cosa que me asustó—. Por favor hazme caso. Por una vez, ¿vale?

Asentí, ¿qué más podía hacer? Con la mano izquierda acarició mi rostro, intentando reconfortarme mientras con la otra sostenía uno de mis brazos. Intentó sonreír, pero yo bien sabía que aquella sonrisa era falsa. Algo lo preocupaba, y no quería contármelo todo. Algún motivo más a parte de esas muertes hacía que detectase temor en sus ojos. En un pestañeo se acercó y me dio un corto beso en el pelo, abrazándome contra él en éste.

Por un momento pensé que lo hacía por mí, pues bien sabía que a Jack no le gustaba demasiado que le tocasen. Pero más tarde comprendí que no lo hacía por mi. Comprendí que me abrazaba porque estaba asustado. ¿Asustado Jack? ¿Qué podía ser tan terrorífico como para infundirle temor? No pude menos que temblar, algo horrible iba a pasar.

Estaba segura, algo horrible debía de estar a punto de pasar para que él actuase así.

Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora