Llevábamos dos días de viaje y Alex poco o nada me había contado de su plan. Decía que necesitaba encontrar al Operador, pero se negaba en rotundo a decírmelo.
Nos introducimos en un pequeño pueblo, rodeado por un gran bosque asentado sobre un macizo rocoso. Las casas bajas se entremezclaban con altos edificios, pero ninguno de mucha importancia.
Alex me indicó que parase el coche, en lo que parecía un parque tranquilo y ahora completamente desierto ya que era demasiado tarde para que lo niños jugasen.
—Alex... —Inmediatamente me mandó callar con un gesto mientras achinaba los ojos para poder ver mejor en interior del parque—. Oye Alex, en serio, me...
—Sshhh.
Era la segunda vez que me mandaba callar desde que habíamos bajado del coche y la decimocuarta desde que habíamos salido del psiquiátrico. Estaba enfadado con él, creía que me iba a explicar qué le ocurría, por qué había desaparecido de ésa forma. La rabia aumentaba en mi interior por momentos, y cada vez me era más difícil controlarme y no echárselo en cara. Siguió por unos minutos ignorándome, fijando su vista entre los árboles del parque.
—Alex, ¿qué... —otra vez me mandó callar, con el mismo gesto que las veces anteriores, pero esa vez no pude controlarme. Le agarré por el brazo y lo giré para que me mirase—. ¿Qué hostias te pasa? ¿Te saco de ese agujero y así es cómo me lo agradeces? ¿Mandándome callar y no contándome la verdad? ¿Cómo esperas que te ayude así?
Me miró a los ojos, en parte confundido, en parte furioso, mientras clavaba en mí todo el odio que podía.
—Cállate ya. —Se deshizo de mi agarre con un gesto brusco—. Entra en el coche.
Su voz sonaba carente de toda humanidad, parecía un demente a punto de llevar a cabo su pasatiempo favorito. Preocupado y algo asustado me metí en el coche, con el cuerpo preparado para salir en cualquier momento. Dentro del coche el silencio era pesado y tenso, tan sofocante que costaba incluso respirar. El silencio se vio roto por la voz de Alex, más calmado en este momento y que había dejado de observar con tanto empeño los árboles del parque.
—Vengo por el Operador.
—¿Qué? ¿Cómo que vienes a por el Operador?
Alex bajó la vista, y comenzó a respirar, intentando calmarse y poner sus ideas en orden.
—Yo... Yo tengo que acabar con él. Desde... Desde que lo vi, no puedo vivir. Ocupa mi mente constantemente. Me acosa en mis sueños, en cada esquina oscura y tras cada árbol. Está jugando con mi mente Jay. Quiere que me vuelva loco, y lo está consiguiendo.
Sus ojos estaban desorbitados, y en su voz se podía distinguir un leve temblor que hacía que cada frase que salía de su boca erizase mi piel de una manera macabra.
—Alex, ¿no crees...
—No, Jay. No son imaginaciones mías. Quiere acabar conmigo, lo sé. —Se giró con rostro desesperado y se enfrentó a mí. Clavo sus manos en las mías, retorciéndomelas hasta un punto en el que me hacía daño—. Jay tienes que ayudarme —dijo suplicante—. Necesito ayuda para acabar con él, antes de que él acabe conmigo.
***
Me han explicado las cosas miles de veces, y me han presentado miles de veces a las mismas personas.
Han hablado conmigo médicos y psicólogos, explicándome qué es lo que me pasa. Según ellos sufro amnesia. Por lo que me han dicho, sufrí un fuerte accidente de coche. O más bien, el coche tuvo un accidente conmigo. Al parecer íbamos mi amiga y yo caminando por la calle hasta que un conductor psicópata nos arrolló para después darse a la fuga. ¿Extraño? Pues más extraño es que el que afirma ser mi compañero de piso y novio, Jack, nos encontró a ambas y nos llevó al hospital más cercano.
No sé si eso es cierto o no, y tampoco recuerdo a Jack. Y aunque me han presentado a mi supuesta amiga, sigo sin saber quién es. Pero por lo visto ella tampoco recuerda nada por lo que no hemos vuelto a hablar más.
Ya llevamos varios días juntos Jack y yo, en la que se supone es su casa. Hemos cortado, o eso creo, ya que como no le recuerdo, para mí nunca ha existido relación alguna. Él no parece muy afectado porque no le recuerde. Me ha ofrecido quedarme en su casa hasta que recupere algo de memoria o hasta que por lo menos pueda establecerme por mí misma. Pero seamos sinceros, quién va a querer contratar u hospedar a una persona que no tiene recuerdos de los últimos dos años.
Bajé las escaleras, atraída por el dulce olor de la comida. En la cocina estaba Jack, con una gran fuente de macarrones en la mesa y una gran sonrisa en la cara. Las sonrisas de Jack se me hacían extrañas, parecían sonrisas normales, pero en algunos momentos se tornaban siniestras, como deformadas y diabólicas. Muchas veces se lo había comentado a las enfermeras, pero simplemente me habían recomendado unas pastillas. Pastillas las cuales Jack tiró a la basura nada más llegar a casa.
—¿Tienes hambre?
—Sí. Huele muy bien.
—Lo sé.
Me senté a la mesa y comencé a llenar mi plato bajo la atenta mirada de Jack, que no estaba sentado y ni siquiera había puesto un plato para él.
—¿No cenas?
—Ya he cenado, me tengo que ir a trabajar.
Jack me había contado que trabajaba como animador de fiestas nocturnas, suena raro, ¿verdad? Pues más raro era cuando volvía a casa y comenzaba a corretear por la casa con una risa maniaca en los labios. A la mañana siguiente le preguntaba y me decía que él acababa de llegar y que no sabía a qué me refería.
Suspiré, estar sola en casa no era tan malo. En los pocos días que llevaba aquí nada interesante había ocurrido a parte de esas extrañas visiones de Jack correteando por la casa como un loco.
—No te preocupes, no volveré muy tarde, ¿vale?
Asentí, ¿qué podía pasar? Se acerco a mí, más sonriente de lo habitual y besó mi pelo a modo de despedida.
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Slave of Creepypastas.
Fiksi Penggemar¿Crees que los Creepypastas no son tan malos? Entra y lee la historia de Lara, la cual fue obligada a servir a algunos de ellos. Ven y descubre que los asesinos, siempre serán asesinos. ¿Crees que sobrevivirás? 25/06/2023 #9 #LAUGHINGJACK 19/06/202...
