Capítulo LXII.

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De un golpe seco Jeff me tiró al suelo y desde éste me arrastró por el pasillo, agarrado con fuerza a mi pelo. Sintiendo el dolor al ver que si seguía así me arrancaría el pelo por completo, me agarré por su muñeca, intentando que los tirones cesasen. Al contacto de mis manos con su piel giró de su cabeza, mirándome con rabia y apartando al segundo su mirada.

Mientras era arrastrada por el suelo hasta un puto que yo desconocía de la casa, el suelo comenzó a vibrar. El sonido de pasos subiendo a todo correr con fuerza hizo que ambos, tanto Jeff como yo mirásemos en la dirección del sonido. Jay con un trozo de la barandilla de la escalera en la mano.

    —¿Qué parte de que no haces falta no entendiste? —De un fuerte tirón Jeff tiró mi cabeza contra el suelo—. ¿Por qué no te mueres?

Empuñó el cuchillo de forma que el filo quedase de cara a Jay. Me incorporé, levantando mi dolorida cabeza. Algo húmedo caía por mi boca, escupí la sangre al suelo mientras miraba horrorizaba como Jeff corría hacia Jay.

    —¡Jay! —Al sonido de mi voz, casi de forma instantánea los ojos de Jay brillaron por un segundo. Levantó el trozo de madera como si fuese a dirigirlo a la cara de Jeff, pero justo antes de que éste impactase con la cara de Jeff, lo bajó, dejando que colisionase contra el gemelo de Jeff. Un grito profundo, gutural salió de la garganta de Jeff, la parte que le había dado debía tener algún clavo y éste había perforado la carne. Jay, sin mirar atrás, corrió hacia mi; me tomó de la mano y salió corriendo conmigo. Todavía no entendía cómo en su estado había sido capaz de hacer eso. Pero corría aprisa, aliviada de que estuviese conmigo.

Debíamos huir, escapar como me había dicho Tim.

    —Jay, debemos irnos.

    —No jodas, ¿en serio? No me había dado cuenta.

    —Vamos rápido, por aquí.

El plano de la casa se iba completando en mi mente. De pronto sabía qué atajo tomar, cuáles escaleras podían servirnos de ayuda o qué cuarto conectaba a otros. Subimos las escaleras del ático y entre la oscuridad comenzamos a andar. Escuchamos los pasos cojeantes de Jeff que intentaba alcanzarnos. Caminaba igual de rápido que siempre, simplemente soltaba algún ocasional gruñido.

    —¿Crees que la oscuridad os protegerá? —Su voz resonó por todo el ático, y cerró la puerta de éste con fuerza dando un portazo—. Estáis muy equivocados.

Desde nuestra posición las pisadas de Jeff apenas se escuchaban, en el ático sin luz eléctrica la única fuente luminosa era la de una pequeña ventana que dejaba que se colasen los escasos rayos de luna que escapaban de las nubes. Sentía el latido de mi corazón correr desbocado. El constante pum pum de la sangre fluyendo se aglomeraba en mis oídos haciendo que no pudiese escuchar nada más. Mis músculos estaban tensos y pronto mis ojos se acostumbraron a la penumbra.

En un escala de grises y azules sólo se veían las motas de polvo que flotaban junto a la ventana. De forma espontánea podíamos escuchar como el cuerpo de Jeff  chocaba contra alguna caja o mueble. Su respiración también estaba alterada, pero no por cansancio o miedo, si no por rabia. Nuestras respiraciones descontroladas parecían a punto de delatarnos y el sonido de nuestros corazón amenazaba con ser nuestro propio verdugo.

Comenzamos a movernos a gatas, tanteando con las manos los obstáculos del suelo. Delante de mi iba Jay y a mis espaldas podía escuchar los pasos de Jeff. Un brazo rodeó mi cintura y me levantó del suelo. Ahogué un grito, pero aún así Jay se giró asustado.

Jeff me agarraba poniendo mi espalda contra su pecho y señalando con la punta de su cuchillo mi estómago. Con la otra sujetaba mi cuello, acariciándolo. De sus labios cortados salió una risa triunfal mientras clavaba ligeramente la punta en mi estómago. Cerré los ojos esperando mi horrible final mientras sabía que, tras mis párpados cerrados estaba Jay; observándonos con horror.

    —Ahora, me las vais a pagar. —Levantó el cuchillo por encima de mi cabeza, con intención de atravesar mi estómago.

Sin embargo la estocada no llegué y en su lugar escuché un crujido. Al abrir los ojos, observé la escena mientras la mano de Jeff apretaba mi cuello, haciendo que poco a poco me costase más y más respirar.

Jay, o lo que vagamente recordaba a Jay sostenía el brazo en el que Jeff tenía su cuchillo. Sus ojos relucían completamente rojos. Los destellos de ira relucían por todo el color carmesí de sus ojos. En una postura encorvada parecía que debía controlarse para no destrozar el brazo de Jeff. Las venas de su brazo estaban hinchadas y mientras su cara se mantenía en la oscuridad sus ojos se clavaban sobre nosotros, con aspecto inquisidor.

Haciendo gala de una fuerza descomunal, fuera de lo común; incluso imposible para la constitución de Jay. Jay consiguió lanzar por los aires a Jeff, haciendo que yo también saliese disparada. Mientras Jeff colisionaba contra un pesado mueble de madera, destrozándolo, lo que parecía Jay me recogió en el aire.. Su respiración pesada resonaba por todo el ático, rebotando contra las cajas y muebles. A los pocos segundos Jay se alejo de mí. Su movimiento era ligeramente errático, saltaba como un mono sobre todos los muebles, dejando los brazos caídos, casi rozando el suelo.

De una patada apartó una caja llena de artículos de cristal, que al caer al suelo se rompieron en mil pedazos.

Jeff se levantó, encarando a Jay. En un movimiento rápido Jeff clavó su cuchillo en uno de los brazos de Jay, pero ni siquiera su gesto cambió. Jeff se movía rápido a pesar de sus heridas, y con cada movimiento conseguía volver a clavar su cuchillo en la carne de Jay. Hasta que un momento la respiración de Jay volvió a resonar por toda la habitación. Con una sola mano agarró el cuello de Jeff y lo estampó contra la pared. La madera a su alrededor se astilló por el golpe. Jay volvió a estampar a Jeff contra la pared una y otra vez, hasta que desde los tajos en las mejillas de éste comenzó a manar sangre.

Desde el lugar en el que me había dejado observaba la escena, horrorizada e incapaz de moverme por el miedo que me causaba mi propio amigo. Y aún a pesar del daño que me había hecho Jeff, de que hubiese matado a Tim e intentase acabar conmigo, no podía permitir que Jay lo matase y se convirtiese en alguien como él.

    —¡Para! —Y cuando mi voz dejó de resonar entre las desnudas paredes de madera, milagrosamente y como si de un autómata se tratase, paró. Soltó a Jeff del cuello, dejando que cayese por su propio peso y encontrase su cuerpo molido por el suelo. En un charquito de su propia sangre y cachos de pared, Jeff se desplomó boqueando por oxígeno.

Jay con pasos lentos se acercó hasta mi de dejando su cuerpo en frente de mi me tomó entré sus brazos y me subió a su hombro; comenzó a caminar conmigo hasta llegar a la habitación de Bloody. Me dejó en la cama con él y salió de la habitación bloqueando la puerta detrás de él.

Slave of Creepypastas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora