Llevaba... ya era incapaz de saber cuánto tiempo llevaba sin comer. Pero mi estómago rugía con fuerza. Había llegado a ese punto del hambre en el que te duele la tripa y tienes ganas de vomitar. ¿Pero qué iba a vomitar? Estaba tan vacía que a veces creía escuchar dentro de mi estómago el propio eco de mi hambre.
Giré sobre mí misma, tumbándome sobre uno de mis costados para poder ver a Jay. Dormía, no sabía si plácidamente o no, pero el caso es que parecía descansar. Las vendas de su vientre se habían manchado de sangre y estaba muy pálido. Toqué su cara y continuaba muy frío. Me levanté y me acerqué a él, intentando brindarle el poco calor del que yo podía disponer.
—Jay... Aguanta. —Lo abracé, intentando alejarme lo máximo posible de su herida y no empeorar su estado—. No puedes irte ahora. ¿Me oyes? —Frunció ligeramente su ceño mientras entreabría los labios. Pasé los dedos por sus mejillas, en un intento por calmarlo. Debía tener sed, igual que yo.
Un escalofrío recorrió mi espalda, y al girar ligeramente la cara vi el bajo de un pantalón de traje.
Slenderman acababa de llegar, y a mi lado dejó un par de botellas de agua y una caja. Tomé ambas cosas entre mis manos y tras inspeccionar la caja vi que eran calmantes.
Abrí la botella de agua, y aunque no estaba segura de que darle de beber fuese una buena idea después de un disparo de bala en el estómago, le hice dar pequeños sorbos a la botella. Después llegó mi turno, y mientras bebía como una auténtica desesperada Slenderman se quedó frente a nosotros, observándonos. O eso creía yo que hacía. Cuando terminé, le puse los calmantes a Jay.
—Debes venir conmigo.
Giré mi cuerpo por completo, dándole la cara a Slenderman. ¿A dónde? Me hubiese gustado preguntarle, pero mis palabras se ahogaban en mi garganta y no eran capaz de salir. Bajé la mirada, no era capaz de mirar su cara sin rasgos durante más tiempo. ¿Cómo había podido vivir con un ser como ese? Era aterrador, ¿cómo podía haberme dormido en una casa rodeada de seres como él? Tragué saliva al ver que estiraba hacia mi una de sus larguísimas manos. Alargué la mía también, prefería tocar sus manos a que sus tentáculos volviesen a hurgarme la mente.
El mundo se desvaneció a mi alrededor y mi mente voló; la siguiente vez que sentí tierra bajo mis pies ya no estaba en la habitación con Jay. Estábamos en frente de un edificio de ladrillo, rodeados de jardines con césped. El aire acarició mi pelo haciendo que me sintiera ligeramente mejor después de tantas horas encerrada. El Sol me cegó por completo y estaba tan débil que mis piernas colapsaron, haciéndome caer contra el suelo.
Mis rodillas perdieron contacto con el suelo cuando los largos brazos de Slender me levantaron del suelo y me llevó a dentro del edifico, a una pequeña habitación oculta al pasillo, pero desde la que se podía observar con bastante facilidad.
Me llevó varios minutos poder tranquilizarme y dejar de hiperventilar. Cuando por fin recuperé mi respiración, varios tentáculos me ayudaron a ponerme en pie. El tacto conseguían sacar escalofríos de mi piel. Aunque sí que recordaba que aquél ser me había tratado de forma amable, no podía ignorar lo que mis instintos me gritaban cada vez que estaba cerca de él. Me retorcí ligeramente, intentando escapar de Slenderman, pero me obligó a avanzar.
Nos quedamos en una habitación cercana, desde donde podíamos ver con claridad uno de los edificios, llamado Benedict Hall. El esbelto ser se agachó, dejándome sobre el suelo y dirigió su cara hacia mí.
—Tienes que comprender. —Levanté la vista y le miré fijamente a lo que suponía que hubiese sido su cara. Pero el hecho de esperar encontrar rasgos y no verlos me desconcertó. Ya debería haberme acostumbrado—. Debes entender. —Con una de sus largas manos comenzó a trazar una línea invisible desde uno de mis pómulos hasta mi barbilla. Al mismo tiempo sentí como algo comenzaba a deslizarse por mi cabeza; tras eso, un dolor agudo comenzó a invadir mi cabeza.
Era incapaz de gritar o moverme. Y aunque mis ojos me quemaban por las lágrimas que aún contenía, no era capaz de llorar. Tan sólo podía quedarme quieta, sin siquiera poder temblar del miedo. Una voz comenzó a retumbar en mi cabeza, y al mismo tiempo sentía cómo algo comenzaban a hurgar en mi cabeza. Sentía como lentamente, pero sin vacilar comenzaban a arrancar cosas. Poco a poco a pocos sentí como la sensación de vacío dentro de mi desaparecía; y cómo el terror que me atenazaba cada vez que estaba cerca de Slenderman iba disminuyendo hasta que simplemente se convirtió en una sensación de alerta.
Y conforme el miedo desaparecía, la voz dentro de mi cabeza se iba haciendo más clara hasta que al fin pude entenderla.
«Lara», La voz susurraba mi nombre, y arrastraba cada letra por todo mi cuerpo.
—¿Quién eres?
«Sabes quién soy. Debes comprender lo que va a pasar ahora».
Dentro de mi una pequeña luz de encendió. Suponía que era Slenderman, pero ¿qué debía comprender?
«Veas lo que veas, y sientas lo que sientas, no debes separarte de mi».
—Pero ¿qué va a pasar?
«Hoody y Masky».
Sentí mi estómago encogerse, y la voz desapareció por completo; devolviéndome a la realidad de golpe.
—¿Qué les vas a hacer? —Escuché mi propia voz rota y temblorosa. Se irguió, demostrando todo lo grande que podía ser, y sin mirarme respondió.
—No has de intervenir.
Después de decir aquello el sonido de pasos comenzó a escucharse por todo el edificio. ¿Eran ellos? Y aunque me moría por gritar, por decirles que se alejasen, no hice nada. No sabía qué había hecho en mi cabeza Slenderman, no entendía porqué tenía la sensación de que debía adaptarme a lo que me pidiese; debía obedecer.
Avanzamos por el pasillo para encontrar la escalofriante estampa de Tim, arrastrándose por el suelo intentando subir las escaleras. Estábamos a suficiente distancia como para que no se diese cuenta de nuestra presencia. Le seguimos, y sus pasos nos llevaron hasta un pasillo. Tim entró en una de las habitaciones, dejándome escuchar tan sólo su respiración alterada y sus ataques de tos. Parecía que se estuviese ahogando, y aunque lo único que quería era ir allí y ayudarle, mi cuerpo estaba paralizado, esperando con ansia el momento en que Slenderman me indicase que podía acercarme.
Escuchamos el sonido de algo pesado caer al suelo y al momento sentí algo húmedo correr por mi mejilla. Estaba llorando, pero era incapaz de emitir sonido alguno.
Permanecimos ocultos hasta que Tim salió de la habitación y se escucharon otro par de pasos a parte de los suyos.
—¿Jay? —¿Cómo iba a ser Jay? Bajé la cabeza al escuchar el llanto lastimero de Tim—. ¿Jay? —Volvió a repetir. Nos adelantamos hasta que vimos al fondo del pasillo a Hoody, y delante de él a Tim, que cayó al suelo agotado.
Hoody le lanzó una máscara y Tim, aún a pesar de lo débil que estaba, se la puso.
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Slave of Creepypastas.
Fanfiction¿Crees que los Creepypastas no son tan malos? Entra y lee la historia de Lara, la cual fue obligada a servir a algunos de ellos. Ven y descubre que los asesinos, siempre serán asesinos. ¿Crees que sobrevivirás? 25/06/2023 #9 #LAUGHINGJACK 19/06/202...
