Consuelo

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Mi Sultán

Mi tristeza me ha consumido, mis años a su lado han sido mi único consuelo, mi espera se alarga y su mirada se aleja de mis ojos, en tanto mi dolor se prolonga y sus ojos se posan en esa mujer.

Mi corazón está roto al igual que mis esperanzas de volver a recibir su amor, así que he planeado mi partida y la de mi hijo buscando llevar mis preciados recuerdos a su lado conmigo, pero aún así sé que mi muerte y la de Mustafá no serán suficientes para que su corazón guarde una pena tan grande como la que hay en mi.

Por eso me llevaré también a esa mujer con la esperanza de  que Allah le dé el castigo que se merece por arrebatarlo de mi lado.

Suleiman, espero que mi muerte sea un recuerdo que nunca  olvide.

Al terminar de leer la carta el hombre irradio la ira que había contenido hasta el momento, los muebles de aquella habitación comenzaron a ser tirados uno tras otro y los gritos que desbordaban la habitación eran todos contra el Pasha que ahora miraba su vida pasar ante sus ojos ante la amenaza de ser colgado.

—Mi Sultán.

—Doctora ¿Que ocurrió? ¿Cómo están mi hijo y Hurrem?

—Como sabe, la señorita Hurrem está fuera de todo peligro y el príncipe Mustafa muestra mejoría —el hombre suspiró lleno de alivio— pero... La Sultana Mahidevran... —ante la mirada punzante del hombre la mujer siguió hablando— ella y su sirvienta han muerto, lamento no haber podido hacer más.

—Está  bien retírate, cuida de Hurrem y de mi hijo.

—Si su majestad.

—Todos, fuera de aquí, necesito estar solo.

Los sirvientes asintieron saliendo del lugar rápidamente. Las siguientes horas el regente del Imperio se mantuvo sumergido en sus pensamientos hasta que decidió volver  al lado de Hurrem quien lo recibió con gusto; la noche pasó llena de pensamientos que no le permitieron cerrar los ojos y cuando el alba comenzó a asomarse decidió salir del lugar esperando limpiar su mente de la culpa que sentía.

—Cariño no temas que yo sigo aquí, cúbrete de telas de color carmín, engaña a la muerte tu hazle creer~ —aquella voz provenía de los aposentos de su hijo pues sin darse cuenta había caminado hasta esa puerta.

Pero por más que lo intentó no supo reconocer aquella voz.

—Cerem, deberías ir a descansar, yo me quedaré con el príncipe.

—No hay necesidad Antonieta, tu ve a descansar que yo me quedo, de igual forma no tengo sueño —la mujer suspiró y salió de la habitación viendo al Sultán tras la puerta.

—Su maje- —el hombre hizo una seña para que esta callara  y se retirara algo que hizo sin protestar.

Así mismo Suleiman se quedó tras la puerta que ahora estaba un poco abierta escuchando todo lo que decía la sirvienta, en su mayoría siendo cosas dulces o cuentos infantiles. Hasta que unos tenues quejidos de Mustafá se escucharon haciéndolo querer entrar.

—Shh shh, todo está bien pequeño príncipe, yo aún estoy aquí... —esas palabras de consuelo lo detuvieron en la puerta, pero ahora podía ver mejor la delgada figura de la sirvienta— sé que estás triste por la partida de tu madre... Pero no te preocupes, yo me quedaré a tu lado sin importar qué, aún si tengo que rogar por diez días de rodillas ante los aposentos de su majestad o de la madre Sultana, me quedaré a tu lado.

Solo hasta ese momento decidió hacer notar su presencia.

—Su majestad —con la tenue luz del sol y un poco más de cercanía Suleiman pudo detallar aún mejor a la dueña de la voz del consuelo.

El Sultan - Mi LeonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora