-Lo lamento mi Sultan, pero... No hay nada que pueda hacer.
-¡¿Que me estas diciendo?
Hurrem cerró los ojos resignada e impactada ante las palabras que anunciaban la muerte de una de sus mayores enemigas.
-Que Allah reciba a Mahidevran en su reino.
Como Sultán regente de un Imperio en expansión, el hombre sabía que era mucho mas que alguien comúnmente denominado como capaz. Y esto a su parecer, se debía a multiples factores de su persona.
Uno de los factores que él consideraba como parcialmente responsable de su éxito y grandeza era su capacidad de leer a las personas que lo rodeaba y su rápido reconocimiento del talento. Esta habilidad en específico a lo largo de los años, había postrado en su regazo grandes adquisiciones, como lo habían sido Ibrahim, Hürrem y Cerem en su momento.
Cada uno de ellos, hasta el día de hoy había demostrado gran valía, siendo Ibrahim su mayor estratega en las guerras, permitiéndole expandir su Imperio a niveles que años atrás no habrían podido ser siquiera imaginables, siendo Hürrem una talentosa mujer capaz de llevar las relaciones con reyes extranjeros a un nivel que rozaba la amistad y que había llevado como consecuencia a una alianza beneficiosa, y siendo Cerem la primera —y única— mujer capaz de llevar una provincia en ruinas a la gloria mas grande dentro de la historia del Imperio, impulsando con esto la economía de toda la nación.
Todo gracias a las decisiones acertadas de Suleiman.
Y era debido a estos antecedentes tan precisos, que Suleiman no dudo de su buen juicio incluso cuando la escena frente a él se transformó en algo que solo podía describirse como macabro.
—Iré a ver a Cerem —la informalidad en las palabras del Gran Visir fueron pasadas por alto por todos los presentes en la sala, la segunda cabeza del Imperio salió despavorido de los aposentos y nadie pudo culparlo por tal acción.
Tras él le siguieron Doctores, eruditos y sirvientes, todos con el mismo semblante abatido.
Sin embargo, Suleiman no se inmutó por tal acto, prefiriendo centrar su atención y energía en sus silenciosas plegarias.
"Allah, guía sus manos y su mente
Allah, no permitas la muerte de mi hijo
Allah, salvador de los hombres y creador del universo
No dejes de que mis decisiones acaben con la vida de Mustafá
Oh Allah"
—Estrellas mías con él sean gentil, llevan mi felicidad... —el tareo de la mujer desató un recuerdo en la memoria del regente, uno feliz, que lo llevó a lo que recordaba como uno de sus momentos mas felices.
La imagen de Cerem sosteniendo a Mustafá entre sus brazos mientras tarareaba la misma melodía, fue un respiro de aire fresco dentro de todo el caos que sucedía dentro de los aposentos.
Suleiman, tomó esto, como una señal de Allah, de que al final, todo estaría bien.
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Los sirvientes la habían arrastrado fuera de la habitación en cuanto un hombre bien parecido con un las manos manchadas de sangre hizo acto de presencia en los aposentos de su hermana.