La fiesta siguió su curso como era de esperarse.
Los niños reían a carcajadas antes los actos de bufones puestos para entretener, la comida, la música y charlas siguieron hasta ya entrada la noche.
—Madre, madre —el niño se acercaba eufórico al asiento en donde se encontraban sus padres— canta para mi —pidió captando la atención de los nobles que esperaban la respuesta de la mujer.
—Lo hare cuando te vayas a dormir.
—No, que sea ahora, quiero que el Visir que escuche cantar y te acompañe con su violin, ese será mi regalo —insistió emocionado.
—Mustafá...
—Madre, por favor —el niño hizo su mayor esfuerzo por verse como un perro moribundo, deseaba obtener la empatía de su madre para cumplir su capricho algo que a Suleiman le causó gracia.
—Bien... ¿Que deseas que cante para ti?
—¡La noche de las almas!
—Creo que recuerdo esa canción —murmuró Ibrahim.
—Bien, la noche de las almas será.
Las sirvientas pararon la música al ver que el Visir comenzaba a entonar su violin, suaves notas comenzaron a fluir antes de que la suave voz de Cerem acompañara la melodía.
—I was a moving thing, Before I was a human being, I was the ice before it melts, I was the tree before it fell... My dear, come near~ Do you understand what is happening...?
—Crawl beneath the earth, To feel the hunger and the thirst, If you could fly and be the bird
Then you would see the forest burn... My dear, come near —el niño sabía la letra pues aquella canción había sido cantada por su madre muchas veces y si bien no sabía su significado, la melodía era por mucho su favorita.
—Do you understand... What is happening~ —le siguió su madre con cierta gracia.
Suleiman escuchaba con cierta impresión la canción pues él a diferencia de otros en la sala si entendía la letra de esta y de que trataba, mas allá de lo desolador que resultaba la canción, el hombre estaba impresionado por el manejo que tenía su concubina con la pronunciación, así mismo su hijo también era bueno aun con su corta edad.
Suleiman no supo cuando terminó la canción, solo pudo reaccionar cuando las personas comenzaron a aplaudir.
La fiesta siguió hasta ya entrada la noche y una vez los niños durmieron, los adultos siguieron sus pasos yéndose cada uno a sus aposentos. La concubina en cambio tomó la madrugada como una oportunidad de escaparse de todos por al menos un rato. Con sigilo y cuidado la mujer llegó hasta los jardines y se sentó en aquel columpio que había puesto como regalo para Mustafá.
El viento la meció suavemente y aquellos minutos de silencio sirvieron para calmar su mente, la mujer no había podido tener siquiera un minuto de paz desde que habían anunciado la llegada del Sultán, había ocurrido tantas cosas en tan solo un día que su mente ahora pedía a gritos un descanso.
Despues de un rato en los jardines la concubina fue a su habitación. Maria y Malkocoglu habían sido despachados al igual que el resto de sirvientes, era muy tarde y lo que menos deseaba la mujer era trasnochar a los pobres sirvientes solo porque ella no deseaba ir a la cama.
Como era su costumbre, toda las velas de la habitación estaban apagadas dejando como únicas fuentes de luz, su chimenea y el opaco brillo de la luna. Cansada mentalmente la mujer comenzó a jalonear su vestido tratando que quitárselo lo más rápido posible, sin ánimos de hacer mucho esfuerzo tomó la primera bata que encontró y se tiró a un lado de la chimenea para mirar al fuego antes de dormir.
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El Sultan - Mi Leon
Fanfiction-Lo lamento mi Sultan, pero... No hay nada que pueda hacer. -¡¿Que me estas diciendo? Hurrem cerró los ojos resignada e impactada ante las palabras que anunciaban la muerte de una de sus mayores enemigas. -Que Allah reciba a Mahidevran en su reino.
