CVIII

224 62 1
                                        


Camila Hastings

Después de asegurarme de que los bebés siguieran dormidos y estuvieran bien tapaditos, bajé las escaleras con el monitor en mano.

Apenas llegué a la planta baja el olor a comida me llegó y la voz de Natanael tarareando alguna canción.
Avancé despacio hacia la cocina y me apoyé en el marco de la puerta, mirándolo en silencio por unos segundos.

El, al sentir mi mirada, giró apenas la cabeza.

- Hola, princesa - dijo sin dejar de mover la cuchara, con esa voz bajita que ahora usaba como si la casa pudiera despertarse.

Levantó la vista del sartén y me miró completo, de pies a cabeza, y su expresión se suavizó al instante.

- ¿Cómo estás? - preguntó, apagando la estufa y acercándose - ¿descansaste?

Asentí, dándole un beso rápido.

- No te sentí cuando te levantaste.

El sonrió suavemente, acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja.

- Estabas bien dormidita - murmuró con ternura.

Me acerqué un poco más, aún apoyada en el marco de la puerta.

- ¿Desde cuándo cocinas tan temprano? - pregunté, observando la cocina ordenada, algo rarísimo.

- Desde que me desperté a checar si respiraban - contestó muy serio - luego no pude volver a dormir y me dio hambre.

Solté una risita suave.

- Te ayudo...

- No, tu siéntate - dijo al instante - ya casi está listo.

- ¿Seguro? - insistí bajito, más por costumbre que por ganas reales.

- Segurísimo - respondió, guiándome con cuidado hasta la silla más cercana - déjate consentir, Millie.

Obedecí, sentándome despacio mientras él regresaba a la estufa.

- ¿Cuántas veces los checaste ya? - pregunté con una sonrisa.

- Cuatro - respondió sin pensarlo - bueno... tal vez cinco.

Reí bajito.

- Nat... están dormidos.

- Estaban respirando muy bajito, Cami.

Reí, negando con la cabeza.

Se acercó con un plato humeante y lo puso frente a mí.

- Come - dijo - necesitas fuerzas.

- Gracias, amor - murmuré, tocándole la mano un segundo antes de tomar el tenedor - huele riquísimo.

Se apoyó en la barra, cruzándose de brazos, mirándome comer con una atención que me hizo reír.

- ¿Qué?

- Nada - respondió con un leve encogimiento de hombros - nomás quiero asegurarme de que sí comas.

- Nat, no soy uno de los bebés.

- Eres la mamá de los bebés - corrigió - eso es más importante.

Me llevé un bocado a la boca, sintiendo otra vez ese nudo bonito en el pecho.

- ¿Dormiste?

- Poquito - admitió apoyándose en la barra.

- ¿Si? - pregunté con el ceño ligeramente fruncido - no despertaron tanto.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

Estrellas | Natanael Cano  Donde viven las historias. Descúbrelo ahora