Camila Hastings
Después de asegurarme de que los bebés siguieran dormidos y estuvieran bien tapaditos, bajé las escaleras con el monitor en mano.
Apenas llegué a la planta baja el olor a comida me llegó y la voz de Natanael tarareando alguna canción.
Avancé despacio hacia la cocina y me apoyé en el marco de la puerta, mirándolo en silencio por unos segundos.
El, al sentir mi mirada, giró apenas la cabeza.
- Hola, princesa - dijo sin dejar de mover la cuchara, con esa voz bajita que ahora usaba como si la casa pudiera despertarse.
Levantó la vista del sartén y me miró completo, de pies a cabeza, y su expresión se suavizó al instante.
- ¿Cómo estás? - preguntó, apagando la estufa y acercándose - ¿descansaste?
Asentí, dándole un beso rápido.
- No te sentí cuando te levantaste.
El sonrió suavemente, acomodando un mechón de cabello detrás de mi oreja.
- Estabas bien dormidita - murmuró con ternura.
Me acerqué un poco más, aún apoyada en el marco de la puerta.
- ¿Desde cuándo cocinas tan temprano? - pregunté, observando la cocina ordenada, algo rarísimo.
- Desde que me desperté a checar si respiraban - contestó muy serio - luego no pude volver a dormir y me dio hambre.
Solté una risita suave.
- Te ayudo...
- No, tu siéntate - dijo al instante - ya casi está listo.
- ¿Seguro? - insistí bajito, más por costumbre que por ganas reales.
- Segurísimo - respondió, guiándome con cuidado hasta la silla más cercana - déjate consentir, Millie.
Obedecí, sentándome despacio mientras él regresaba a la estufa.
- ¿Cuántas veces los checaste ya? - pregunté con una sonrisa.
- Cuatro - respondió sin pensarlo - bueno... tal vez cinco.
Reí bajito.
- Nat... están dormidos.
- Estaban respirando muy bajito, Cami.
Reí, negando con la cabeza.
Se acercó con un plato humeante y lo puso frente a mí.
- Come - dijo - necesitas fuerzas.
- Gracias, amor - murmuré, tocándole la mano un segundo antes de tomar el tenedor - huele riquísimo.
Se apoyó en la barra, cruzándose de brazos, mirándome comer con una atención que me hizo reír.
- ¿Qué?
- Nada - respondió con un leve encogimiento de hombros - nomás quiero asegurarme de que sí comas.
- Nat, no soy uno de los bebés.
- Eres la mamá de los bebés - corrigió - eso es más importante.
Me llevé un bocado a la boca, sintiendo otra vez ese nudo bonito en el pecho.
- ¿Dormiste?
- Poquito - admitió apoyándose en la barra.
- ¿Si? - pregunté con el ceño ligeramente fruncido - no despertaron tanto.
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Estrellas | Natanael Cano
FanfictionBebecita, dime qué pasó Si cometí un error Y es que no puedo vivir sin tu calor Y ya no quiero ser el mismo que era yo - 🌟 - Bebecita, ¿qué pasó? ¿Qué ya se te olvidaron las cosas que pasamos? Pero yo me he aferrado - 🌟 - Es que yo sin ti No sé...
