El agua borboteaba a su alrededor, se sintió tranquilo, pero, apenas un par de minutos después... ¡sintió que se ahogaba!
«¡Pero que demonios!..» pensó incorporándose abruptamente y respirando de forma agitada.
Y entonces lo comprendió...
¡¡Ya no era capaz de soportar mucho tiempo sin respirar bajo el agua!!
«¡No puede ser!...» pensó incrédulo.
Se quedó unos instantes así, sentado inmóvil... y comprendió porqué Sheng Long había dicho que la gestación ponía en peligro la vida de un sayayin.
Se imaginó así, en ese estado, en un planeta violento y en guerra, siendo un pobre sayayin de clase baja...
«¡No duraría un día! » pensó.
De mala gana comenzó a asearse para después salir de ahí.
Tomó una blanca y mullida toalla y comenzó a secarse.
«¡¿Y ahora qué?!...» se preguntó cuando notó que la toalla estaba manchada de sangre.
El ardor de su brazo captó su atención, lo observó y vió como la costra que se había reblandecido con el agua, ¡se había levantado al frotarla con la toalla!
Si hubiera tenido su potente ki... ¡seguramente el baño y quizá la casa entera hubieran desaparecido en una ardiente explosión!
¡Pues su coraje y frustración eran intensos!...
Pero, eso no sucedió... y no le quedó de otra que contener el sangrado con la toalla y salir del baño maldiciendo en busca del botiquín.
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¡No pudo contenerse más!
-¿Por qué?... ¿por qué llegaste de esa manera tan hostil y secuestraste a mi hijo?- preguntó Gokú.
Ráditz no pudo evitar dar un respingo, pues la pregunta lo tomó por sorpresa, se recompuso inmediatamente y sin despegar los ojos del televisor, su semblante se volvió serio, bajó la vista, como si pensara muy seriamente lo que iba a decir, después, con el control remoto apagó la televisión y fué entonces cuando con un suspiro de resignación, le dió la cara a Gokú....
- Kakaroto, sé que va a ser muy difícil para ti comprender esto, pero... yo... ¡yo tenía una misión!... la cual me fué confiada por mi monarca... y yo... ¡yo tenía que cumplirla!... ¡quería cumplirla!
Y... lo que dije en la mesa hace unos momentos.... bueno... ¡te comportabas de una forma tan extraña!... que...¡fué lo único que se me ocurrió!... yo... yo sólo intentaba...- suspiro frustrado para después admitir - ¡sólo intentaba no defraudarlo! - murmuró en voz baja.
