Un mal día...

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Un ruido lo despertó....

Abrió los ojos y buscó la fuente del mismo, sonrió levemente al ver a Kakaroto roncando sonoramente en el sillón.

Bostezó con pereza mientras se acomodaba distraídamente el cabello, le echó una ojeada al paisaje por la ventana.

¡Era un día soleado!

Ideal para volar, entrenar o hacer algo de provecho...

«¡¡No para estar en una maldita cama porque un idiota me disparó!!...» pensó molesto.

Por un momento, pensó en despertar a Kakaroto, pero... ¡se veía cansado!

«¡No la pasaste bien...» pensó mientras lo contemplaba, sintiéndose un poco mal por eso.

Decidió no molestarlo.

Aunque... ¡moría de hambre!... y aún se sentía algo débil.

A pesar de esos puntos en contra, su  descomunal y terco orgullo de príncipe sayayin hizo que pensara...

«Sólo voy a ir a la cocina a buscar algo de comer... además ¡ya estoy bien!... »

Con pasos vacilantes se levantó de la cama, se calzó sus zapatos y salió sigilosamente de la habitación.

Caminó despacio por el largo pasillo, su estómago rugió con ganas... ¡¿cuánto había dormido?!... ¡al parecer ya pasaban de las tres de la tarde!

Chasqueó la lengua molesto, mientras llegaba a las escaleras y comenzaba a bajarlas, pero, apenas había bajado los primeros tres escalones ¡cuando un fuerte mareo lo hizo detenerse y aferrarse al barandal!... con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.

«¡Ashh maldita sea!... ¡¡ESTO ES PATÉTICO!!...» pensó mientras se cubría con una mano los ojos, pues... ¡la maldita escalera se veía como si hubiese cobrado vida propia y se moviera!... haciendo que se sintiera aún más mareado.

Sabía que eso era imposible...

«¡Las malditas escaleras no se mueven...» pensó, pero luego recordó que había escaleras eléctricas y ¿que decir de las que había visto en una entretenida película de niños magos?

«¡Bueno!...» rectificó « ¡las de ésta casa no hacen eso

Se mantuvo así un rato, haciendo hondas inspiraciones, aún con la mano sobre lo ojos, intentando dominar el malestar... después de todo...

¡Él era un guerrero entrenado capaz de dominar su cuerpo a la perfección!... ¿no?... ¡¿NO?!

Pero, pareciera que su cuerpo decidiera no reconocerlo en ese instante, porque el malestar se negaba a ceder.

Se empezó a plantear seriamente la posibilidad de sentarse en un escalón....

¡Así no!  2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora