Ráditz sonrió, mientras recogía las tazas sucias y tiraba a la basura el paquete de galletas vacío.
¿Quién lo diría?... ¡había pasado un buen momento con Kakaroto!
La charla había sido corta, pues Kakaroto se había limitado a contarle cómo el anciano que lo recogió le hacía esa espumosa y deliciosa bebida frecuentemente, le confió que su nombre era Gohan y, que por ese motivo, decidió ponerle ese nombre a su hijo...
Aunque... Ráditz no comprendió el proceder de su hermano... ¡¿que no era el mismo anciano que casi lo mata tirándolo por un barranco?!
Prudentemente decidió guardar silencio.
Después, le enseñó a usar ese extraño artefacto llamado horno de microondas, pues según Kakaroto, si Vegeta dormía demasiado, iban a necesitar calentar de nuevo el chocolate.
Ráditz agradeció secretamente el tiempo que Kakaroto se tomaba para enseñarle esos sencillos detalles, de los cuales... ¡él no tenía ni idea!
Mientras su hermano le explicaba como operar el artefacto, Ráditz no pudo evitar preguntarse...¿qué hubiera pasado si Kakaroto hubiera poseído un poco más de ki al término de su gestación?... ¿habría ido a parar a una base de entrenamiento?...¿habría perecido también en la destrucción del plantea Vegita-sei?
-¿Te quedó alguna duda? - preguntó de pronto Gokú, sacándolo de sus pensamientos.
-No, todo claro...- contestó Ráditz siendo sincero, pues a diferencia de su hermano, él si tenía la capacidad de captar perfectamente algo, sin importar que estuviese un poco distraído.
-Muy bien... voy a ver cómo sigue... ¿vienes?...- preguntó Kakaroto dirigiéndose a la puerta de la cocina.
-No, yo recojo esto si quieres... de todos modos... sé que está en buenas manos...- contestó Ráditz.
Gokú le dedicó una leve sonrisa y desapareció por la puerta.
Y mientras recogía las tazas y las ponía en el lavaplatos, un inquietante pensamiento lo asaltó de pronto, haciendo que la sonrisa se borrara de su rostro, porque...
Si su majestad estaba en buenas manos... entonces...¿para qué rayos lo necesitaba ya?
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Vegeta aún dormía cuando entró a la habitación, Gokú suspiró y se dirigió a la ventana...
Durante un largo rato, contempló la vista; a pesar de eran más o menos las cuatro de la tarde, la ventana le ofrecía un panorama triste y grisáceo, el granizo todavía caía de forma furiosa, azotando con fuerza los árboles de la zona boscosa que era visible desde ahí.
Gokú no pudo evitar estremecerse... ¿Cuánto tiempo había pasado Vegeta bajo esa tormenta?... ¿y si hubiese tardado más en encontrarlo?... ¿qué hubiera sucedido?
Dejó escapar el aire que sin darse cuenta, había retenido en sus pulmones mientras esas dudas atravesaron por su cabeza.
Su mirada se dirigió a la cama en la que el dueño de sus pensamientos descansaba... ¡y se sobresaltó al verlo despierto y con la mirada fija en él!
