Dendé miraba atentamente lo que sucedía en esa habitación...
La joven mujer estaba asustada, pero el amable doctor le explicaba con paciencia.
- ¡Será lo mejor en tu caso!... por tu enfermedad no debes esforzarte demasiado, éste es un procedimiento muy común, ¡lo hacemos todos los días!... pero también es muy seguro. ¡Verás que todo sale bien!
Después de explicarle con detalle el procedimiento, la chica sonrió y firmó el formulario que el doctor le ofreció.
Dendé cerró los ojos en actitud pensativa.
«¡Creo que puedo hacerlo!» se dijo.
-¿Te pasa algo?...- preguntó Píccolo llegando de pronto a su lado.
- ¡Creo que he hallado la respuesta!...- contestó Dendé con una enigmática sonrisa.
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Ráditz se estiró con pereza mientras levantaba sus brazos...
«Sí... ¡definitivamente podría acostumbrarme a esto!...» pensó mientras se dejaba caer sobre la suave almohada.
¡Demonios!... ¡en verdad que había extrañado dormir en un lecho decente!
Los primeros días se había sentido algo incómodo y extrañado por la suave textura... terminó dormido en un sillón cercano al ventanal.
Después de todo, era una sensación parecida a la de dormir a bordo de una cápsula.
Pero, el día en que su majestad había tenido ese incidente en el bosque el día de la tormenta... ¡la búsqueda y la preocupación minaron sus fuerzas!... y se había dejado caer en ese cómodo lecho sin pensarlo demasiado.
Desde entonces... ¡no había cosa más placentera que descansar en esa suave cama!
Se quedó pensativo un momento, preguntándose si al igual que él, el príncipe disfrutaba tanto como él de esos pequeños detalles...
Una suave cama, una ducha personal, los momentos de esparcimiento, los cómodos y acojinados asientos de la sala, no pasar hambres...
Por supuesto, su majestad había gozado de muchos lujos de esos durante su niñez... ¡pero el maldito lagarto había cambiado eso de un día para otro de forma cruel y repentina!
Frunció el ceño... ¿por qué pensar en ese repugnante ser ahora?
Sonrió, al saber que junto con su majestad, ahora eran libres de su tiránico mandato, de sus humillaciones... y de sus castigos.
