Insectos entrometidos...

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¡Píccolo no daba crédito a lo que veía!...

«¡No puede ser!... ¡¡no era tan difícil!!...¡sólo tenían que obtener un poco de información!... ¡¡¿cuál es el problema con este par?!!» pensó frustrado, mientras se palmeaba la frente en un gesto de exasperación.

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-¿Su majestad? - escuchó Vegeta decir a Ráditz,  sorprendido, abrió los ojos.

¡Ahí estaba!... ¡justo frente a él!... ¡tal como lo recordaba!... ¡lucía igual que cuando se separaron en el planeta Aragog!... cuando le encomendó la misión de buscar a su hermano.

- ¡Ráditz! - murmuró.

Sheng Long habló entonces...

- ¡He cumplido sus deseos!... - después el dragón desapareció, las esferas brillaron y se elevaron en el aire para después dispersarse por el planeta.

Vegeta se quedó estático sin saber que decir, de reojo le echó una mirada a Kakaroto...

¡Se sorprendió al no verlo furioso!... de hecho, ¡Kakaroto lucía impresionado!... contemplaba a Ráditz como si fuese algo sorprendente, algo irreal... y por un momento, deseó saber lo que pasaba por su mente.

-¡Su majestad!...  fué usted... ¡usted fué quien deseó que yo resucitara!.. ¡yo jamás dudé de usted! - exclamó Ráditz mientras hacía una reverencia.

-Yo... ehh... si... - balbuceó Vegeta aún impresionado sin saber exactamente que contestar.

A Gokú le hizo gracia ver a Vegeta tan incómodo y nervioso...

«¿Qué pensaría Ráditz si supiera que revivió por accidente?...» se preguntó divertido.

Decidió quedarse callado y no decir una sola palabra...

¡A ver cómo se las arreglaba Vegeta!

Aún con una rodilla en el suelo, Ráditz miró a Gokú...

- Veo que logró hacer entrar en razón a Kakaroto... ¡lo felicito su majestad!... yo en verdad traté de...

-¡Basta Ráditz!...- pidió Vegeta, mientras se llevaba una mano a la frente.

¡No supo si era la situación o su embarazo!... pero de repente lo atacó un mareo y tuvo ganas de vomitar...

Ver a Ráditz le provocaba extrañas sensaciones, por un lado ¡sí!... ¡le daba gusto verlo!... pues Ráditz siempre le había sido fiel y, como le había dicho a Kakaroto... ¡confiaba en él!

Lo más probable es que nadie lo conociera mejor que Ráditz...

¡Su fiel guardián!... lo conocía desde que podía recordar, le había gritado, pateado, incluso probado sus técnicas infantiles de combate en él... ¡pero aún así.... Ráditz le era leal!

¡Así no!  2Donde viven las historias. Descúbrelo ahora