Shigaraki Tomura

1.3K 183 3
                                        

El aire estaba cargado de un polvo grisáceo y pesado, mezclado con el olor metálico de edificios retorcidos y calles partidas. La ciudad entera parecía un cadáver reciente, víctima de la devastación que había dejado Shigaraki Tomura. Sus manos temblaban con una sed insaciable de destrucción, los dedos extendiéndose para buscar algo más que pudieran deshacer con solo rozarlo. Su respiración era irregular, los ojos grises —tan parecidos a los de aquel niño indefenso que una vez fue— chispeaban con locura.

A lo lejos, el grupo de héroes se mantenía expectante, organizando un último asalto. Endeavor al frente, con la mandíbula apretada; Hawks arriba, planeando como un halcón real, y Mirko tensando sus músculos para saltar en cuanto tuvieran oportunidad. Sabían que era ahora o nunca.

Pero entonces, entre el polvo, alguien más apareció. Una figura pequeña, frágil en apariencia, que avanzó sin miedo por la destrucción. Su cabello ondeaba ligeramente, sus ojos brillaban con lágrimas y su voz se alzó, clara, más poderosa que cualquier don.

—Tenko.

Shigaraki se detuvo en seco. Todo su cuerpo se congeló, como si el aire mismo lo hubiera envuelto en cadenas invisibles. Sus pupilas se contrajeron, clavándose en aquella mujer que caminaba hacia él con pasos suaves. A su alrededor, la tierra ya no se agrietaba. El polvo pareció detenerse en el aire.

—No… —murmuró él, con un hilo de voz ronca, la misma que usaba para dar órdenes de muerte—. Tú… tú no deberías estar aquí.

—¿Por qué, mi amor? —preguntaste tú, la voz cargada de un dolor tan profundo que rompía el corazón—. ¿Porque tienes miedo de que vea en qué te has convertido? ¿O porque recuerdas lo que eras antes?

Shigaraki tragó saliva con dificultad. Sus manos temblaron, casi al punto de volverse mortales por instinto, pero no dio un solo paso hacia ti. Los héroes miraban, confundidos, sin saber si intervenir.

Tú seguiste caminando, ignorando el riesgo, hasta quedar frente a él. Sus ojos te buscaron con desesperación, con un brillo infantil que no debía estar allí. Era como si de pronto el villano más temido del país hubiera retrocedido a ser aquel niño pequeño que se acurrucaba en tu regazo por las noches, buscando consuelo contra las pesadillas.

—Tenko, mírame —susurraste, colocando tu mano en su mejilla, sin miedo. Él se estremeció, pero no retrocedió. Las grietas que solían formarse con su toque destructivo no aparecieron. Tus dedos acariciaron su piel seca, con una ternura que nadie más en ese campo de batalla podía comprender—. Esto no eres tú. No es lo que quise para ti.

—Yo… no… —Shigaraki cerró los ojos con fuerza, apretando los labios hasta que sus colmillos amenazaron con perforarlos. Su respiración se quebró en un sollozo—. Mamá… tengo tanto… tanto miedo…

Un sollozo salió de tu pecho. Lo abrazaste, envolviéndolo completamente con tus brazos, como cuando era solo un niño aterrado que se escondía del enojo de su padre. En ese abrazo, por un instante, el mundo dejó de crujir bajo su poder. No hubo desintegración, no hubo muerte. Solo un hijo perdido, sostenido por el único amor verdadero que había tenido.

Fue allí, en esa breve grieta de vulnerabilidad, cuando los héroes actuaron. Un campo de fuerza se activó alrededor suyo, prisiones de energía comprimieron sus brazos, atándolo antes de que pudiera reaccionar. Él abrió los ojos con terror y luego miró hacia ti, confundido, como si no entendiera por qué lo estaban capturando.

—Mamá… mamá, ¡no me dejes! —gritó Shigaraki, su voz quebrada como la de un niño, no la del villano.

—No te dejo, Tenko. Estoy aquí, siempre —susurraste, sosteniéndole la mano mientras el dispositivo neutralizador anulaba su quirk. Lágrimas caían por tu rostro, mezclándose con el polvo.

Finalmente, el cuerpo de Shigaraki perdió toda resistencia, cayendo de rodillas, con los grilletes asegurándolo. Tú te arrodillaste junto a él, sujetándole el rostro. Aun cuando los héroes vinieron a llevárselo, él no apartó los ojos de ti.

—Te amo, mi pequeño. No importa lo que el mundo diga. Siempre serás mi Tenko —susurraste con voz rota.

—Mamá… —alcanzó a decir él, antes de que lo alejaran entre gritos de órdenes y pasos apresurados.

Cuando por fin se lo llevaron, dejaste que las lágrimas fluyeran sin contención. Sabías que tu hijo, roto y perdido, quizás no tendría redención inmediata. Pero en ese instante le habías recordado quién era, aunque solo fuera por un momento. Y esa chispa era algo que, en el fondo, jamás podrían arrebatarle del todo.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora