Takeo Todoroki

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Pedido para Luciana632267

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La sala estaba llena de gente importante.

Todo era elegante, lujoso, silencioso. La cena que Takeo había organizado con sus socios era crucial para cerrar unos acuerdos enormes. Y como siempre… ahí estaba T/n, sentada frente a él, perfectamente hermosa.

Recién aliviada, pero nadie lo hubiera notado a simple vista. Su figura había cambiado, sí, pero era como si su cuerpo supiera cómo moldearse de nuevo, más curvilínea, más madura, más real. Llevaba un vestido rojo ajustado, pegado como segunda piel, que resaltaba sus caderas y ese escote que ahora, gracias a la maternidad, era simplemente imposible de ignorar.

En sus brazos dormía Enji, su bebé. Pequeñito, tranquilo… por ahora.

Takeo la miraba desde el otro lado de la mesa. No decía nada. Como siempre, serio, distante. Pero sus ojos… esos malditos ojos no podían ocultarlo todo. La estaba devorando con la mirada, aunque tratara de disimularlo.

Uno de los socios soltó un comentario.

—Señora Todoroki, disculpe si soy atrevido, pero... es increíble lo bien que se ve. Parece que la maternidad la hizo aún más hermosa.

T/n sonrió, como si fuera la cosa más normal del mundo.

—Gracias. El cuerpo cambia, claro. Pero si una se conoce, sabe cómo usarlo a su favor.

Takeo apretó la mandíbula. No dijo nada. Pero T/n sabía leerlo.

Oh, sí. Sabía exactamente lo que le estaba provocando.

Entonces Enji se movió. Un quejido suave, como avisando que tenía hambre. T/n no se lo pensó: con movimientos tranquilos sacó una manta de su bolso, se cubrió el pecho con estilo, y acomodó al bebé para alimentarlo. Todo fluía como si estuviera hecha para eso.

Pero cuando levantó la vista... no miró a nadie. Solo a él.

Takeo.

Él no decía nada. Solo observaba, con ese fuego contenido que ya le conocía. Y entonces, sin perder esa mirada dulce, T/n se descalzó con cuidado y estiró la pierna por debajo de la mesa. Su pie rozó la pierna de su esposo.

Primero el tobillo. Luego más arriba. Lento, provocador.

Takeo ni parpadeó.

—¿Qué crees que estás haciendo? —murmuró, sin mirarla, con la copa de vino entre los dedos.

—Alimentando a nuestro hijo —respondió ella con inocencia fingida, mientras su pie seguía subiendo—. ¿Por qué? ¿Pasa algo?

Él soltó el aire por la nariz. No podía hacer nada. Estaban frente a todos. Tenía que seguir actuando como el hombre frío e intocable. Pero por dentro... estaba hirviendo.

Cuando la cena terminó, fue él quien la tomó del brazo y la llevó directo al ascensor. No dijo una sola palabra en todo el camino, solo tenía la mirada encendida y la respiración controlada como si se estuviera aguantando todo lo que llevaba dentro.

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Ya en casa, T/n entró en silencio, con Enji dormido en brazos. Lo llevó a su habitación, lo acomodó en su cuna, y volvió al salón.

Takeo estaba de pie, junto a los ventanales, mirando la ciudad.

—¿Qué fue eso? —preguntó sin voltear—. Lo que hiciste allá abajo.

—¿A qué te refieres?

—Dejarte ver así, jugar conmigo. Tocarme.

T/n cruzó los brazos con calma, apoyada en el marco de la puerta.

—¿Te molesta? Es raro... nunca te molesta nada, ¿no? Somos solo un matrimonio por conveniencia. Eso me dijiste.

Él giró despacio, mirándola como si estuviera viendo otra versión de ella. Su mirada era fuego puro.

—Sabes que no eres cualquier cosa para mí —dijo, más bajo, más crudo—. Pero no quiero que otros te vean como yo lo hago.

Ella caminó hasta él, con el vestido rojo aún pegado a su cuerpo.

—¿Y cómo me ves tú?

Silencio.

—Dímelo, Takeo. ¿Cómo me ves?

No contestó con palabras.

La sujetó por la cintura y la atrajo hacia él con fuerza. Sus labios la buscaron con hambre. Ya no había distancia. Ya no había teatro. Ya no había cámaras ni testigos. Solo ellos dos.

La besó como si fuera la primera vez. Con rabia, con deseo, con ganas contenidas.

T/n se aferró a él, con las manos en su pecho, bajando hasta su cinturón. Su vestido cayó lentamente, revelando cada parte de su cuerpo, ese cuerpo real, de mamá, de mujer. Y él la tocó como si lo amara todo. Como si no hubiera nada más perfecto que ella.

Se dejaron caer sobre el sofá. Se besaron, se tocaron, se tomaron con fuerza y con ternura a la vez. No hubo pausas. No hubo palabras dulces. Solo gemidos ahogados, respiraciones agitadas, y una necesidad tan fuerte que parecía romperlos por dentro.

Cuando todo terminó, cuando ambos estaban recostados, sudando y sin aliento, T/n apoyó su cabeza en su pecho y habló, bajito.

—No sé tú, pero para mí… esto ya no se siente como una farsa.

Takeo la abrazó con fuerza. No dijo nada.

Pero su corazón, latiendo rápido contra ella, decía suficiente.

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Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora