En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
📍 [Unos días antes del brote zombi – Azotea, descanso de clases]
—No lo voy a publicar —dijo Gwi-nam, encogiéndose de hombros mientras revisaba su celular.
Estaban sentados en el rincón más alto de la azotea, donde él solía esconderse para fumar. Tú te quedaste helada, observando su pantalla con el corazón apretado.
—¿Y por qué lo tienes? —preguntaste, sintiendo que te hervía la piel—. ¿Por qué tienes un video así?
Gwi-nam levantó la vista, molesto. —¿Qué importa? No lo grabé yo. Me lo pasaron.
—¿Y lo guardas? ¿Mientras andas conmigo?
Él resopló, como si estuvieras exagerando.
—Mira, no es como si me gustara Eun-ji, ¿ok? Ella me cae fatal. Solo… era material.
—¿Material? —repetiste, dolida—. Dios… me das asco.
—¿Asco?
—Sí, Gwi-nam. Asco. Pensar que mi novio tiene un video de otra chava… desnudándose… Y que solo porque te cae mal, lo estás considerando como arma.
Él se quedó en silencio un momento. Luego te miró.
—No lo voy a subir, ¿ok? No soy tan mierda como dices.
—No hace falta que lo subas. Ya con tenerlo, ya está todo dicho.
Te levantaste. Y por dentro… supiste que eso no se iba a quedar así.
---
📍 [Día 1 del brote – pasillos vacíos y gritos lejanos]
Los zombis ya habían invadido el colegio.
Tú y algunos estudiantes sobrevivientes corrían buscando refugio cuando viste a Eun-ji, escondida bajo una mesa, sollozando.
—¿Qué te pasó? —le preguntaste, ayudándola a levantarse.
Ella te miró con ojos destrozados.
—Gwi-nam… lo publicó. El video. Lo subió… y todo el mundo lo vio. Me mandaron capturas. Me amenazaron.
Tu respiración se cortó. Te quedaste helada. Él te había jurado que no lo haría. Y te mintió.
—Ese imbécil… —susurraste. El corazón te palpitaba como si explotara.
—Y tú… —Eun-ji tragó saliva— tú andabas con él, ¿no?
Asentiste, pero con los ojos vidriosos. —Ya no.
---
📍 [Día 4 – Azotea del colegio, grupo de sobrevivientes]
El sol caía a plomo. Todos estaban sucios, cansados y con las emociones rotas. Tú te sentaste junto a Su-hyeok, que intentaba armar una lanza improvisada con una escoba rota.
—¿Puedo? —preguntaste, pidiendo un poco de agua.
—Claro —dijo él, ofreciéndote la botella—. ¿Estás bien?
—Lo estaré —susurraste, con los ojos perdidos—. Es como si todo lo que creía importante… hubiera dejado de importar.
—¿Te refieres a Gwi-nam?
Lo miraste, sorprendida. Él mantuvo la mirada, tranquila, firme.
—No quiero hablar de él —dijiste.
—Entonces no lo hagas. Pero si en algún momento quieres desahogarte, aquí estoy.
Tu corazón dio un pequeño vuelco. No esperabas eso de Su-hyeok. Él siempre había sido protector, pero contigo… era diferente. Cálido. Seguro.
Y entonces, la puerta de la azotea chirrió.
Y él apareció.
Gwi-nam.
Arrastrando los pies, con una sonrisa torcida y la cara desgarrada. Los ojos fríos. Mitad muerto, mitad furioso.
—Te estuve buscando, T/n —gruñó—. Me dejaste… sin despedirte.
Su-hyeok se puso de pie de inmediato, poniéndose delante de ti.
—Aléjate —espetó.
—Tranquilo, príncipe. Solo quiero hablar con mi chica.
—Ya no soy tu chica —le dijiste, saliendo de detrás de Su-hyeok.
Te acercaste a él, firme, con los puños apretados.
—Me mentiste. Me traicionaste. Humillaste a alguien inocente. Y cuando te confronté… ¿qué hiciste? Nada. Solo mentir.
—¡Era un juego! —gritó Gwi-nam, perdiendo el control—. ¡Era solo un estúpido juego! ¡Y tú eras mía!
Te acercaste un paso más.
—Ya no soy tuya, Gwi-nam.
Y sin dudarlo, lo empujaste con toda tu fuerza.
¡CLANG! ¡CLANG! ¡CLANG!
Cayó por las escaleras metálicas de la azotea. Rebotó. Se golpeó. Gruñó.
Pero sabías que no moriría. Ese tipo no sabía ni cómo hacerlo.
Te diste la vuelta, aún respirando agitada. Todos te observaban en silencio.
—Eso fue brutal —dijo On-jo, rompiendo el silencio.
—Y sexy —agregó Dae-su, medio riendo.
Su-hyeok te miró con una mezcla de sorpresa y respeto. Te acercaste a él, cruzando los brazos.
—¿Crees que me pasé?
—No. Me pareció… bastante merecido.
—Gracias por cubrirme —le dijiste, en voz baja.
—Siempre.
Y sin pensarlo demasiado, te sentaste junto a él otra vez. Esta vez más cerca. Él no se alejó.
Tus dedos rozaron los suyos. Él entrelazó los suyos con los tuyos con suavidad.
Ya no tenías novio. Ya no confiabas en nadie fácilmente.