Tristán

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Pedido para Valeriasano12

La cocina del castillo olía a pan recién horneado y especias dulces

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La cocina del castillo olía a pan recién horneado y especias dulces.

T/n movía la cuchara de madera con ritmo constante, probando la salsa con la punta del dedo y chasqueando la lengua con aprobación. Tristán estaba sentado en la encimera, balanceando los pies, con una manzana a medio comer en la mano.

—¿Va a quedar picante? —preguntó el niño, mirando la olla con desconfianza.

—Solo un poquito —sonrió ella—. Como le gusta a tu padre.

—Entonces va a estar demasiado picante para mí.

—Por eso hice dos ollas, amor —dijo con una risita, sacando otra cacerola más suave, ya casi lista.

Tristán sonrió satisfecho. En ese momento, Meliodas entró con el cabello revuelto, cargando leña para la chimenea, aunque claramente no la necesitaban.

—¿Ayudaste a mamá? —le preguntó al niño, dejando la leña en un rincón.

—Estaba supervisando —respondió Tristán, hinchando el pecho con fingido orgullo.

Meliodas le revolvió el cabello y le lanzó una mirada cómplice a t/n.

—Claro que sí, gran supervisor. Oye, ¿ya puedo probar?

—Todavía no —respondieron madre e hijo al mismo tiempo.

Meliodas se hizo el ofendido, pero justo cuando iba a robar un trozo de pan, un estruendo interrumpió el momento.

—¡TOQUEN LA CAMPANA QUE LLEGÓ LA FIESTA! —gritó Ban desde la entrada principal, empujando la puerta con el hombro.

—¡Ban, no grites! —reclamó Elaine detrás de él, cargando a su bebé dormido.

—¡T/n, trajimos vino! —anunció Diane, entrando justo después con King, que ya iba flotando hacia Tristán para saludarlo con su cara seria de siempre.

—¡Y yo postres! —exclamó Merlin, dejando un pastel mágico que flotaba ligeramente sobre la mesa.

T/n soltó una risa sincera. En un instante, el castillo se llenó de voces, pasos, risas y pequeños chillidos. Los hijos de los Pecados corrían por los pasillos. Escanor, incluso después de todo, había enviado una caja con frutas exóticas desde el reino de León.

Meliodas se acercó a ella entre todo el bullicio.

—¿Cómo haces para mantener todo bajo control?

T/n le guiñó el ojo mientras servía los platos.

—Con magia, amor… y mucha paciencia.

Tristán tiró de su vestido.

—¿Puedo invitar a los demás niños a comer con nosotros?

Ella se agachó para mirarlo a los ojos.

—¿Acaso crees que cocinaría tanto si no fuera para todos?

Y entonces, en medio del caos, la mesa se llenó. No solo de comida, sino de historias, de carcajadas, de manos compartiendo el pan y recuerdos pasando de generación en generación.

Meliodas tomó la mano de t/n bajo la mesa y la apretó con suavidad.

—Este es el verdadero tesoro —le dijo en voz baja.

Ella solo sonrió, viendo a Tristán reír a carcajadas con el hijo de King y Diane, el rostro iluminado por la luz del hogar.

Sí. Ese era el tesoro.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora