En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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Era una tarde tranquila. Tú estabas en el jardín trasero, sentada en una banca leyendo, mientras Enji podaba algunos arbustos con más delicadeza de la que admitiría jamás. Se notaba orgulloso de ese pequeño espacio verde que habían mantenido juntos, tan lejos del caos de su agencia o de las calles infestadas de villanos.
De pronto, escuchaste un golpeteo en la reja lateral, seguido por voces emocionadas. Enji levantó la cabeza al mismo tiempo que tú. Un segundo después, la puerta del jardín se abrió de golpe.
—¡Mamá! ¡Papá! —exclamó Fuyumi, entrando la primera. Su cabello, ahora recogido en una coleta alta, ondeaba con fuerza. Vestía un traje blanco con detalles azul celeste, con un cinturón repleto de pequeños compartimentos para su quirk de hielo.
Detrás llegaron Natsuo, alto y robusto, con un traje en tonos plateados y rojos que canalizaba su propio estilo de fuego controlado; Shoto, con su uniforme azul marino ya icónico, mitad cubierto por placas para regular su temperatura; y Toya, luciendo un traje oscuro, con un diseño que recordaba llamas azules brillando tenuemente en los bordes, adaptado perfectamente a su quirk único.
—¡Vaya recibimiento! —te reíste, cerrando el libro justo cuando Fuyumi te envolvía en un abrazo.
—¡Teníamos que contarte primero a ti! —dijo Natsuo con una sonrisa enorme. Le pasó un brazo por el hombro a Shoto, obligándolo a acercarse más.
—¿Qué ocurre? —preguntó Enji, aunque su voz sonó casi temblorosa. Estaba allí plantado, con las tijeras de podar colgando torpemente de su mano.
—¡Hoy nos entregaron las placas oficiales de héroe de alto rango! —exclamó Toya, levantando su credencial para que brillara a la luz del atardecer—. Ahora somos héroes profesionales reconocidos por toda la comisión.
Tus ojos brillaron mientras los mirabas a todos. Fuyumi empezó a sacar su celular para mostrarte fotos del evento, Natsuo se inclinó para que le arreglaras un pliegue del traje, y Shoto simplemente sostuvo tu mano un momento, en su silenciosa pero profunda manera de agradecerte.
—Estoy tan orgullosa de ustedes… —murmuraste, abrazando a Fuyumi y luego atrayendo también a Toya y Natsuo. Shoto se sumó, un poco incómodo, pero con una sonrisa suave.
Cuando se giraron hacia Enji, él aún parecía congelado. Sus labios se apretaron, sus ojos grises estaban tan abiertos que casi brillaban.
—Papá —dijo Shoto finalmente, con esa serenidad que había desarrollado gracias a crecer sin traumas—. Queríamos que tú también fueras el primero en vernos así. Gracias… por entrenarnos, por estar siempre. Aunque seas un poco intenso —agregó, y soltó una risa baja que contagió a Toya.
Entonces Enji dio un paso, como si le costara. Alzó una mano grande, vaciló un segundo, y luego apoyó torpemente la palma sobre el hombro de Shoto, pasándola después a Toya, que lo miró con un brillo pícaro.
—Estoy… extremadamente orgulloso de ustedes. —Su voz fue rasposa, casi rota. Tragó saliva y agregó, mirándolos a los cuatro—. De todos ustedes. No solo como su padre. También como el héroe que un día los soñó… pero que jamás habría imaginado que serían incluso mejores que él.
Tú te acercaste, pasaste un brazo por la cintura de Enji, y sentiste cómo exhalaba el aire que había estado conteniendo. Sus hijos se lanzaron encima de ambos en un abrazo torpe y apretado que dejó a toda la familia riendo, rodeados por la calidez del sol y el murmullo de las flores moviéndose con la brisa.
Por un momento, nada más existía. No había héroes ni villanos, no había rankings ni oficinas. Solo la familia Todoroki, entera, fuerte y feliz.
Y en lo profundo del corazón de Enji, podías sentirlo: él sabía que esa escena existía gracias a ti, a tu amor incondicional y a la paciencia infinita con la que moldeaste su llama para que diera calor, no solo quemara.