Aizawa Shota

1.6K 226 2
                                        

La noche estaba rota por destellos rojos y morados que iluminaban los edificios en ruinas. El aire olía a concreto quemado, metal retorcido y desesperación. All For One había surgido como una sombra monstruosa entre los héroes, destruyendo todo a su paso. Y tú estabas allí, peleando a su lado —como siempre— junto a tu esposo, Shota Aizawa.

Tu quirk mental había sido esencial para mantener bajo control a decenas de villanos menores, mientras Aizawa con sus ojos carmesí apagaba quirks peligrosos uno tras otro. Eran un equipo letal, sincronizados, mirándose a la distancia con esa complicidad silenciosa que solo ustedes tenían.

Pero All For One era otra liga.

En un descuido, una masa negra surgió del suelo y te atrapó el tobillo, jalándote con violencia. Gritaste cuando enormes garras te atravesaron un costado, levantándote en el aire. Sangre caliente bajó por tu pierna, la vista te empezó a fallar. Todo giraba, se distorsionaba. Pero entre todo ese caos, lo único que viste con claridad fueron los ojos de Aizawa, abiertos con un terror absoluto.

—¡(T/N)! —rugió con una voz tan rota que ni él mismo la reconoció.

Saltó hacia ti sin pensarlo, sus vendas chispeando, atrapando tus brazos antes de que el villano pudiera arrancarte de su vida. Con un tirón furioso, te sacó de las garras de All For One, cayendo contigo sobre el pavimento. Rodaron un par de metros, él sujetándote con desesperación para que no recibieras más daño.

Cuando se detuvieron, tú estabas encima de él, respirando con dificultad, la sangre empapando tu traje de heroína. Aizawa alzó una mano temblorosa, sosteniendo tu rostro.

—No… no cierres los ojos —ordenó con voz baja, la más rota que habías escuchado jamás—. Quédate conmigo, (t/n).

—Shota… —susurraste, apenas un hilo de voz—. Estoy aquí. Siempre estoy contigo.

Y luego, simplemente te apagaste en sus brazos.

---

La siguiente hora fue un torbellino difuso. Héroes gritando por ayuda médica, Aizawa cargándote como si fueras su única razón para respirar, negándose a soltarte incluso cuando el equipo de urgencias trató de tomar tu cuerpo. Al final, los médicos lograron separarlo y te llevaron a toda prisa al quirófano.

Shota quedó afuera, de pie, sin parpadear, el cabello cayendo en mechones oscuros sobre su rostro. Sus manos, manchadas con tu sangre, no dejaban de temblar. Hawks se acercó para apoyarle una mano en el hombro, pero Shota ni siquiera reaccionó. Era como si todo su ser estuviera atrapado detrás de esas puertas blancas.

Pasó un tiempo que pareció interminable hasta que un doctor finalmente salió. Llevaba el rostro serio, con rastros de cansancio y sudor. Shota se irguió de inmediato, con el corazón a punto de estallar.

—¿Está bien? ¿Mi esposa está bien? —preguntó, su voz ronca, casi sin aliento.

El doctor asintió con un suspiro.

—Está estable. Fue muy grave, pero lo controlamos a tiempo. Va a necesitar un periodo de recuperación largo… sin embargo…

—¿Qué? —la voz de Aizawa se quebró—. ¿Sin embargo qué?

El doctor bajó un poco la mirada, como si dudara en decirlo. Luego lo soltó:

—No sé si ella misma lo sabía… pero estaba embarazada. Apenas unas semanas. El golpe y la hemorragia… lo pusieron en riesgo. Pero increíblemente el embrión sobrevivió.

Shota parpadeó, completamente aturdido.

—¿Em… barazada? —repitió en un susurro roto.

—Sí. No sé cómo, pero tanto ella como el bebé resistieron. Es probable que necesiten atención constante en los próximos meses para asegurar que todo siga bien. Pero están vivos.

Por un momento Aizawa no supo qué hacer. Todo su mundo dio un giro violento. Apoyó una mano en la pared, bajó la cabeza, y sus hombros empezaron a sacudirse. No fue un llanto ruidoso, fue un sollozo seco, contenido, el de un hombre que había temido perderlo todo… y ahora comprendía que el “todo” era aún más grande de lo que pensaba.

Cuando finalmente lo dejaron entrar, te encontró dormida, pálida pero viva. Se acercó despacio, con pasos temblorosos, y se sentó a tu lado. Tomó tu mano con cuidado, como si temiera romperte.

—¿Qué demonios voy a hacer contigo…? —murmuró con un suspiro tembloroso, besando tus nudillos con infinita ternura—. Me diste mil razones para temer perderte… y ahora me das mil más.

Su frente se apoyó contra tu mano, sus ojos cerrándose con fuerza. Apretó tus dedos contra sus labios, permitiéndose respirar de nuevo.

—No pienso dejar que nada les pase. Ni a ti, ni a ese pequeño tonto que ya se aferra a vivir… igual que su madre.

Allí se quedó, vigilándote toda la noche, decidido a proteger ese futuro inesperado que empezaba a crecer entre ustedes… con un amor que incluso el peor villano del mundo no podría arrebatarles.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora