Kakashi Hatake

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🖤🍃 “Pequeño Lobo Blanco” — Pedido de _gataFun

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Había algo en los ojos de Kakashi que dolía ver.
Eran demasiado serios, demasiado vigilantes, demasiado adultos para alguien tan pequeño.
Y tú lo sabías.

Cuando lo veías llegar al campo de entrenamiento, con su bandana recién puesta, con la mirada baja pero los sentidos alertas, sabías que ese niño… no necesitaba otra misión.

Necesitaba una pausa.
Un hogar, aunque fuera temporal.
Un abrazo sin condiciones.

Y así, poco a poco, tú empezaste a quedarte.
Al principio, con pequeños gestos:

—¿Desayunaste hoy, Kakashi? —le preguntabas, sin esperar respuesta.
Ya sabías que diría que sí. Pero siempre había arroz tibio esperándolo de todos modos.
Y leche caliente con miel.
Y un dulce de frijol que fingía no gustarle, pero siempre comía entero.

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Él no hablaba mucho.
Tú tampoco lo forzabas.

Solo le dabas espacio.
Y, sin avisar, empezaste a coserle el uniforme cuando se rompía.
A dejarle toallas secas después del entrenamiento.
A esperarlo con una tetera en la mesa, como si el día fuera más liviano si tenía dónde sentarse sin hablar.

Una vez, después de una misión que salió mal, llegó cubierto de barro, cansado y con los ojos tan apagados que el corazón se te encogió.
No dijiste nada.

Solo lo llevaste al baño.
Le preparaste agua tibia.
Le diste una muda limpia.
Y cuando salió, temblando aunque no hacía frío, lo arropaste con tus brazos.

Él se quedó quieto.

Y por primera vez, en semanas, habló con voz bajita.

—¿Por qué haces esto?

Tu respuesta fue simple:

—Porque nadie debería sentirse solo en este mundo… y mucho menos tú.

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Desde entonces, empezó a dejarse querer un poco más.

Se sentaba a tu lado mientras tejías.
Dejaba que le arreglaras el cabello, aunque fingía molestarse.
Te escuchaba leer en voz alta, aunque decía que era “para niños”.

Y una tarde, cuando te vio herida tras proteger a unos alumnos menores de un ataque enemigo, se arrodilló a tu lado, con las manos temblorosas.

—No te mueras —susurró, como si esa frase se hubiera quedado guardada por años en su garganta.

Y tú, a pesar del dolor, acariciaste su mejilla suavemente.

—No me voy a ir, Kakashi. Estoy aquí… y voy a seguir estándolo. ¿Sí?

Él no respondió.
Pero esa noche, se quedó dormido en el suelo, cerca de tu cama, sin decir una palabra.
Como si, por primera vez en mucho tiempo, hubiera soltado el miedo de quedarse solo.

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Y aunque el mundo te llamaba kunoichi, ninja, sanadora o sensei…
Para él, en el rincón más secreto de su corazón herido…
Tú siempre fuiste su casa.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora