Hermanos Itoshi

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Pedido de yocairarivera86

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Pedido de yocairarivera86

—¿Estás nerviosa, señora Itoshi?

T/n levantó la vista, sonriendo un poco al fotógrafo que esperaba una respuesta mientras le tomaba algunas imágenes para la transmisión del partido.

—No estoy nerviosa —respondió, acomodándose la bufanda azul con blanco—. Estoy… conteniéndome. Si grito ahora, me echan antes de que empiece el juego.

La cámara enfocó un momento su rostro. Tranquila, pero con los ojos brillando.
El estadio rugía. El partido de la sub-20 estaba por empezar, y dos nombres ya estaban en boca de todos: Rin y Sae Itoshi.

—Son mis hijos —susurró para sí, con una sonrisa que no podía borrar.
Y sí, lo eran. A pesar de todo.

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Cuando eran niños, se la pasaban compitiendo. Incluso para ver quién lavaba los platos más rápido o quién llegaba antes al baño por la mañana.

Pero cuando el fútbol se volvió serio, también lo hicieron sus corazones. Las peleas, los malentendidos, la distancia… todo fue creciendo.

T/n no era una madre perfecta. A veces no sabía cómo manejar tanto carácter en casa. Pero siempre estuvo ahí. En cada partido de barrio. En cada derrota. En cada llanto escondido tras una puerta.

Y ahora… ahí estaban.
Rin, con su mirada de hielo.
Sae, con su sonrisa de confianza casi arrogante.

Ambos en el mismo campo. Ambos llevando el apellido que ella les enseñó a decir con orgullo.

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El partido empezó y T/n apenas respiraba. Cuando Rin interceptó un balón, se levantó de golpe. Cuando Sae dio un pase perfecto, aplaudió con fuerza.

—¡Vamos, chicos! ¡Eso es!

Un par de personas la miraron.
—¿Conoce a los jugadores? —le preguntaron.

—Los crié —respondió, sin miedo—. Les limpié mocos, les curé rodillas, les escuché decir “yo no puedo” y les enseñé que sí podían.

Y ahí estaban.
Jugando. Volando.
Uno con el corazón helado.
El otro con fuego en los pies.
Ambos con su voz en la cabeza, aunque no lo admitieran.

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Cuando el partido terminó —con Japón ganando, gracias a una jugada conjunta de los dos hermanos—, T/n se quedó sentada un segundo. Llorando bajito.
No por el resultado.
Sino por lo que significaba verlos juntos otra vez.

Horas después, en la zona de jugadores, Rin la encontró primero.

—¿Viniste?

—¿Acaso crees que me iba a perder esto? —le dijo, levantando una ceja.

Él bajó la cabeza, avergonzado. Como cuando era niño. Luego murmuró:

—Gracias… mamá.

Sae apareció justo detrás, alzando una ceja.

—¿Ahora le dices mamá sin pelear? ¿Qué te pasa?

—Cállate —soltó Rin.

T/n los miró a ambos.
—Chicos… solo esta vez, ¿puedo abrazarlos a los dos a la vez?

Los dos se miraron… y, sin decir nada, asintieron.

Ella los rodeó con los brazos, como cuando eran pequeños. Ellos ya eran hombres. Estrellas. Rivales, incluso. Pero por unos segundos… volvieron a ser sus niños.
Y en su pecho, donde una vez curó tantos tropiezos, ahora latían dos corazones firmes.
Unidos.

—Estoy orgullosa de ustedes. De los dos.

Y ellos no respondieron.
Solo se quedaron ahí, en silencio.
Y para ella… eso ya lo decía todo.

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