En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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El pasillo de Monster High estaba envuelto en gritos, humo y música estruendosa. Las puertas del salón de actos estaban abiertas de par en par, dejando escapar luces de colores y el sonido distorsionado de un DJ descontrolado.
—¡Apaguen eso! ¡Alguien contenga a Holt! —gritaba la directora Bloodgood mientras corría con la cabeza bajo el brazo, literalmente.
Dentro del salón, Holt Hyde estaba subido sobre una mesa, los audífonos en el cuello, llamas azules saliendo de su cabello mientras bailaba como si el mundo fuera una pista de fiesta.
—¡Vamos, monstruos! ¡Es martes, pero vibra como viernes! —rugía, mientras el suelo temblaba bajo sus pasos.
De repente, una sombra apareció en la entrada. Con tacones firmes y una blusa blanca de mangas vaporosas que flotaban con su caminar elegante, T/n Jekyll-Hyde se plantó en medio del desastre.
Todos se callaron. Hasta Holt.
—Oh no... —murmuró Clawd desde el fondo—. Es su mamá.
La música se detuvo como por arte de magia. Holt se giró lentamente y, por primera vez en toda la semana, pareció tener miedo.
—Mamá… yo… no es lo que parece —intentó sonreír con su típica seguridad.
T/n levantó una ceja con elegancia. Se acercó, cruzando el salón con su cabello recogido en un moño impecable, sus ojos brillando con un aura entre maternal y letal.
—¿No es lo que parece, Holt? ¿Acaso no estás subido en una mesa, con el sistema de sonido escolar hackeado y una chica semi-petrificada por exceso de graves? —preguntó con una calma aterradora.
—Eso suena peor de lo que es.
—Bájate.
—…Sí, señora —dijo Holt, apagando sus llamas como si fueran una velita de cumpleaños, bajando con la cabeza gacha.
Todos los alumnos se quedaron en silencio. Clawdeen susurró: —¿Quién es esta mujer? ¿Una hechicera? —No, es su mamá —dijo Frankie—. Tiene el poder de… bueno, ser mamá.
T/n tomó a Holt del brazo, lo jaló con suavidad pero firmeza hacia el pasillo, y allí mismo, en un rincón, él cambió de golpe. Su cabello azul se oscureció, su mirada se suavizó y sus hombros se encogieron. Jackson Jekyll estaba de vuelta, confundido.
—¿Mamá? ¿Qué hago aquí? ¿Dónde está mi cuaderno? —preguntó con voz baja, mirando a su alrededor.
T/n suspiró y lo abrazó con ternura. —Aquí estás, mi amor… estás bien. Solo fue otro episodio. Holt está… exaltado otra vez.
Jackson hundió el rostro en el cuello de su madre. Era el único lugar donde no sentía vergüenza de existir, donde no era raro, ni peligroso, ni incompleto.
—¿Te enojaste mucho?
—Por supuesto que me enojé —dijo ella, acariciando su cabello con mimo—. Pero no contigo. Jamás contigo.
En ese momento, varios estudiantes se acercaron, algo avergonzados. Cleo, Ghoulia, Lagoona…
—Señora Hyde… disculpe la intromisión, pero queríamos decirle que… bueno… su hijo es parte del grupo. Aunque a veces… sea dos personas —dijo Frankie, sonriendo nerviosa.
T/n los miró con una mezcla de agradecimiento y orgullo. —Gracias por seguir viéndolo como una sola alma… aunque venga en dos paquetes distintos —dijo, guiñándoles el ojo.
Antes de irse, se giró una última vez hacia el grupo.
—Ah, y por cierto… el próximo que le diga “rarito” a mi hijo, le parto la mandíbula. ¿Entendido?
Los estudiantes asintieron como soldados.
Y así, T/n se marchó del pasillo, con su hijo aferrado a su brazo como cuando era niño. Holt y Jackson no eran fáciles de criar, pero para ella no existía algo que no pudiera domar: ni el fuego, ni la ansiedad, ni los cambios de humor.