Takeo Todoroki

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Pedido mio 😌

La oficina de Takeo Todoroki se volvió un horno

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La oficina de Takeo Todoroki se volvió un horno. El aire estaba tan cargado que a su alrededor surgían leves ondas de calor. Sus ojos celestes, fríos y filosos como cuchillas, estaban fijos en la revista que su torpe secretario había dejado abierta sobre el escritorio. Era un catálogo de lencería… uno que mostraba a su esposa (T/n) posando de forma tan provocativa que cualquier hombre normal perdería el aliento.

Allí estabas tú, con el cabello perfectamente suelto, con encajes que apenas cubrían tus pechos, tu vientre plano expuesto, tus caderas generosas remarcadas por ligas diminutas. En varias páginas, distintos hombres musculosos te rodeaban, uno tenía su mano sobre tu muslo, otro te sujetaba por detrás tan pegado que era casi obsceno.

—¿Qué demonios es esto? —gruñó Takeo con una voz tan baja y gutural que hizo temblar al secretario.

—S-señor Todoroki… yo… solo estaba viendo las… promociones… para mi esposa… yo… no sabía que era su señora…

El quirk de magma de Takeo burbujeó sobre su piel, dejando marcas candentes sobre el escritorio. El pobre hombre retrocedió de inmediato.

—Fuera de mi vista —escupió Takeo, su tono tan mortal que nadie se atrevió a objetar.

Apenas el idiota salió corriendo, Takeo arrancó la revista, la dobló con furia y salió con pasos largos y pesados. El elevador pareció protestar por el calor que despedía su cuerpo. En el estacionamiento, se subió a su coche negro, el motor rugió con violencia mientras pisaba el acelerador a fondo rumbo al estudio fotográfico.

Durante todo el trayecto, sus manos gigantes apretaban el volante con fuerza inhumana. La mandíbula le temblaba de pura rabia.
—¿Sobre el regazo de otro hombre? ¿Con esas manos inmundas tocándola? —gruñía para sí mismo. Su quirk chispeaba tanto que el tablero del auto se calentó.

Al llegar, no perdió tiempo. Caminó directo a recepción con paso imponente. Nadie osó detenerlo. Las asistentes solo se apartaron al sentir esa presión brutal que lo rodeaba, como si un volcán caminara por los pasillos.

El ambiente en el set estaba cargado de luces cálidas, música suave y miradas lascivas. Tú, (T/n), estabas radiante con ese diminuto conjunto de lencería escarlata que prácticamente se fundía con tu piel. Los tirantes del sostén apenas contenían tus pechos, la tela semitransparente dejaba ver las suaves curvas de tu cintura y el encaje sobre tus caderas remarcaba tu retaguardia tan pronunciada que parecía una provocación directa a cualquier hombre en la sala.

El fotógrafo gritaba instrucciones mientras tú reías, un poco nerviosa, pero dejando que el modelo con el que posabas —alto, bronceado, con brazos musculosos y sonrisa de galán— te sujetara por debajo, sus enormes manos enterrándose descaradamente en tus pompas. Con un movimiento hábil, él te alzó del suelo, haciendo que tus piernas se enredaran instintivamente alrededor de su cadera. Una mano suya te sostenía con fuerza por la parte baja de tus glúteos, mientras con la otra te mantenía pegada a su torso, tan cerca que tus pechos casi se salían del sostén.

El modelo soltó una risa gutural y, en un arrebato atrevido para la foto, inclinó su cabeza y hundió el rostro contra tu cuello, mordisqueándolo y succionándolo con descaro. Tu respiración se cortó, tu espalda se arqueó levemente, sosteniéndote con fuerza de sus hombros. Aun con la ligera incomodidad, tu rostro mostró una sonrisa profesional para la cámara.

—Perfecto, ¡mantengan esa pose! ¡Más pasión, más conexión! —exclamó el fotógrafo, feliz de capturar la escena.

Entonces, la puerta del set se abrió con tal violencia que el marco tembló.

—¿Qué… demonios… es esto? —rugió una voz tan profunda y cargada de furia que hizo que el aire pareciera vibrar.

El modelo se quedó congelado, sus manos todavía aferradas a tu trasero, sus labios apenas apartándose de tu cuello. Tú giraste el rostro, boquiabierta. En el umbral estaba Takeo Todoroki, con un traje oscuro perfectamente ajustado, el cabello rojo revuelto por la rabia y esos ojos celestes encendidos como lava fría. A su alrededor, el aire parecía distorsionarse, pequeños hilos de vapor subían desde su piel, anunciando un inminente estallido.

—Takeo… —susurraste, un leve temblor en tu voz, sabiendo exactamente lo que se avecinaba.

—Bájala —ordenó Takeo con un tono tan grave que no necesitó gritar.

El modelo tragó saliva, soltándote con cuidado hasta que tus pies tocaron el suelo, aunque sus manos seguían un segundo más en tu cintura. Fue suficiente para Takeo.

En tres zancadas enormes, el hombre estuvo frente a ustedes. Sin darle tiempo a reaccionar, agarró al modelo por el cuello y lo apartó con una fuerza tan brutal que lo lanzó contra el fondo del set, donde cayó sobre un montón de reflectores que se hicieron añicos.

—¡Takeo, basta! ¡Era solo para la foto! —trataste de interponerte, pero él ya te había sujetado.

Su mano enorme se cerró sobre tu cintura, tan fuerte que te hizo gemir bajito, levantándote nuevamente del suelo y pegándote contra su pecho ancho. Su otro brazo pasó por debajo de tus muslos, haciendo que rodearas su cadera con tus piernas casi por instinto.

—¿Para la foto? —escupió con un susurro ronco, su boca tan cerca de tu oído que su respiración ardiente te quemó la piel—. ¿Con las piernas enredadas así? ¿Dejando que te chupe el cuello como si fueras suya?

Su voz estaba cargada de celos tan crudos que te estremeciste. Un calor distinto recorrió tu abdomen, a pesar del terror de la situación.

—Takeo, suéltame… nos están viendo… —balbuceaste, aunque tus brazos se aferraron a su cuello.

Él ignoró por completo a los demás, clavando su mirada furiosa sobre tu rostro.

—No voy a dejar que ningún bastardo te toque de esa forma, ¿me oíste? Ese cuerpo es mío, (T/n). Solo mío.

Y sin esperar respuesta, te acomodó con más fuerza contra él, tu trasero apoyado completamente en su mano que subió descarada y posesiva, sosteniéndote como si quisiera dejar marcado que solo él podía tocarte así. Tu lencería se alzó peligrosamente, dejando aún más piel expuesta.

—¡Sr. Todoroki, por favor, esto es un set profesional! —trató de intervenir el fotógrafo con voz temblorosa.

Takeo lo fulminó con una mirada tan fría que el hombre dio un paso atrás.

—El próximo que se atreva a mirarla así… o a siquiera pensar en tocarla… —su voz descendió a un susurro letal— se va a encontrar con un baño de magma.

Y sin más, te sacó del estudio cargada como si no pesaras nada, tus piernas todavía aferradas a su cintura, su mano ardiente sujetándote descaradamente de tus nalgas mientras caminaba con paso lento, dominante y completamente seguro de que todos allí entendieron el mensaje:

(T/n) Todoroki tenía dueño… y ese dueño estaba dispuesto a quemar el mundo por ella.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora