En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
---
La lluvia apenas había parado cuando Leah se detuvo de golpe, a mitad del bosque. No era que hubiera visto algo... lo sintió. Una presión en el pecho, como si su corazón la arrastrara hacia otro lugar.
—¿Sientes eso? —preguntó sin mirar atrás.
Seth se detuvo a su lado, frunciendo el ceño.
—Sí… se siente raro. Pero familiar.
Leah no respondió. Se limitó a seguir caminando hacia el claro. Sus pies se movían solos, como si algo los guiara. Y entonces la vio.
Sentada sobre una piedra, envuelta en una manta y con una mirada cargada de nostalgia, estaba una mujer. Morena, de rostro cansado, pero con una sonrisa que temblaba en cuanto sus ojos se cruzaron con los de Leah.
—Pensé que… tal vez no me reconocerían —dijo ella, apenas en un susurro.
Leah se quedó helada.
—No... puede ser.
—¿Mamá? —susurró Seth, con voz temblorosa.
La mujer asintió, con los ojos llenos de lágrimas.
—Sí, mi amor. Soy yo.
Seth corrió a abrazarla sin pensarlo. Sus brazos la rodearon como si temiera que desapareciera otra vez. Lloraba como cuando era niño, con la frente hundida en su hombro.
Leah, en cambio, se mantuvo inmóvil. Su corazón latía fuerte, y su cuerpo vibraba como si se fuera a romper.
—¿Por qué ahora? —preguntó, con la voz firme pero con un nudo en la garganta—. ¿Por qué volver después de tantos años?
T/n bajó la mirada.
—Porque… por fin pude —dijo, honesta—. Porque me equivoqué creyendo que alejándome los protegía. Porque tenía miedo… y me arrepentí cada día.
Leah apretó los puños. No lloró. No gritó. Pero algo dentro de ella se rompió, y al mismo tiempo… sanó un poco.
—No te voy a perdonar de un día para otro —dijo—. Pero tampoco te voy a odiar toda la vida.
T/n levantó la mirada, al borde de romperse por completo.
—No te estoy pidiendo perdón todavía, Leah. Solo quiero… poder estar aquí ahora. Con ustedes. Conocerlos. Escucharles. Ser alguien que no se desaparece cuando más se le necesita.
Leah respiró hondo. Dio un paso hacia ella. Luego otro.
Y cuando estuvo lo suficientemente cerca, bajó la cabeza, apoyándola sobre el otro hombro de su madre.
—Seth te extrañó mucho… y yo también.
No hizo falta decir más. Las tres presencias se abrazaron bajo la neblina del bosque, mientras el corazón de Leah dejaba, poco a poco, de doler tanto.