Era una tarde tranquila en el jardín de la mansión Todoroki. El sol empezaba a descender, tiñendo el cielo de naranjas y lilas, mientras el viento suave movía las copas de los árboles. Fuyumi y Natsuo jugaban en un costado, riendo y trenzando guirnaldas de flores. Shoto estaba sentado en el césped con Toya, intentando imitar el control del fuego que su hermano mayor le mostraba con entusiasmo.
Tú los observabas desde la terraza con una sonrisa, vestida con un ligero kimono blanco que hacía resaltar tu belleza etérea. Pequeñas chispas eléctricas se escapaban de tus dedos cada tanto, producto del orgullo que sentías al ver a tus nietos tan unidos.
Pero esa paz se rompió con la llegada de Enji. Su figura imponente caminó con pasos firmes por el jardín, seguido de cerca por Takeo, quien, aunque más silencioso, emanaba un calor latente que deformaba el aire a su alrededor. Ambos tenían los brazos cruzados, los semblantes serios, evaluando cada movimiento de Toya y Shoto.
—Toya —dijo Enji con voz grave, interrumpiendo el pequeño juego—. Deberías enseñarle a Shoto a mantener el equilibrio del fuego, no solo a encenderlo. Si va a ser un héroe, debe dominarlo por completo.
Toya frunció el ceño, su sonrisa desapareció. Se enderezó, interponiéndose un poco delante de Shoto, como protegiéndolo.
—Lo haré a mi ritmo, papá. No todos somos prodigios como Shoto —respondió con un tono cargado de veneno.
Shoto bajó la cabeza, incómodo. Sus pequeñas manos se enredaron en el césped, arrancando briznas nervioso.
—No empieces, Toya —intervino Takeo con ese tono áspero que siempre usaba, su quirk de magma vibrando levemente bajo su piel—. Si realmente quieres ser alguien digno, deja de buscar excusas y entrena más. La diferencia con Shoto se nota a simple vista.
El corazón se te hizo pedazos. Miraste a Enji, que asintió con gravedad.
—Padre tiene razón —dijo Enji, endureciendo la voz mientras posaba una mano pesada sobre el hombro de Toya—. Shoto tiene potencial para superar incluso lo que yo soñé. Sería bueno que no arrastraras a tu hermano con tus inseguridades.
Los ojos de Toya se llenaron de un brillo rojo peligroso. Dio un paso atrás, empujando la mano de Enji con brusquedad. El fuego se encendió en su palma, temblando.
—¡Claro! ¡Siempre Shoto! ¡El favorito! ¿Qué soy yo entonces, papá? ¿Solo un entrenamiento fallido? —espetó con la voz quebrada, mirando también a Takeo, que alzó una ceja con desprecio silencioso.
Shoto soltó un sollozo, sus pequeños ojos bicolores brillaron con lágrimas.
Eso fue lo que rompió algo dentro de ti. Algo que habías contenido durante años. Te levantaste de golpe, tan rápido que incluso pequeñas descargas chispearon bajo tus pies. Avanzaste hacia ellos con un aire tan majestuoso que incluso Takeo y Enji parecieron tensarse.
—¡Basta! —gritaste, y tu voz retumbó con una energía eléctrica tan fuerte que hizo vibrar el aire.
Todos te miraron con asombro. Jamás habías levantado la voz de esa manera. Tus ojos centelleaban, un relámpago recorrió tu cabello con un sonido casi musical.
—¿Qué están haciendo? —les gritaste, la voz rota por la furia y el dolor—. ¡¿De verdad no se dan cuenta de lo que provocan?! ¡Comparan, presionan, siembran odio entre estos niños que solo quieren jugar y ser hermanos! ¡Mi Toya, mi dulce Toya, no necesita tus miradas de decepción, Takeo! ¡Y Enji… mi amado hijo, ¿tan rápido olvidaste cuánto te dolía cuando tu padre hacía lo mismo contigo?!
Enji palideció, tragando saliva. Takeo frunció el ceño con más fuerza, pero por primera vez no respondió.
—Shoto es maravilloso, sí, ¡pero Toya también lo es! Ambos son niños, no herramientas para sus malditas ambiciones. —Te llevaste una mano al pecho, respirando agitadamente, las lágrimas mezclándose con chispas eléctricas en tus mejillas—. Si siguen así… los perderemos a ambos. ¡¿Es eso lo que quieren?!
Toya miró la escena con los ojos enormes, el fuego extinguiéndose en sus manos. Shoto corrió hacia ti, abrazándote con fuerza por la cintura, escondiendo su carita contra tu kimono.
—Abuela… —lloriqueó.
Tú lo abrazaste de inmediato, inclinándote para cubrirlo con tu cuerpo. Alzaste la mano y acariciaste la mejilla de Toya, que se había quedado petrificado.
—Ven aquí, mi amor —le susurraste.
Él dudó un segundo, pero luego se lanzó hacia ti, enterrando el rostro en tu hombro. Rodeaste a ambos con tus brazos, el corazón latiéndote tan fuerte que casi dolía.
Cuando miraste a Takeo y Enji, tus ojos brillaban con una tristeza infinita.
—Los amo a los dos, pero si vuelven a herirlos así… —tragaste saliva, la voz temblando— …entonces seré yo quien ponga un alto, aunque sea con mis rayos. Porque ellos son mis nietos antes que sus proyectos o reflejos de sus fracasos. ¿Quedó claro?
Takeo apartó la mirada, las sombras ocultándole la expresión. Sus manos se cerraron en puños, el magma circulando bajo su piel como si contuviera algo más que calor: orgullo y vergüenza.
Enji inclinó la cabeza, los ojos opacos, sabiendo en lo más hondo que habías dicho la verdad que él mismo temía escuchar. Su voz salió baja, casi ronca.
—Lo entiendo… madre.
Soltaste un largo suspiro, tus rayos se calmaron un poco. Besaste la coronilla de Shoto y luego la de Toya, acurrucándolos contra ti, decidida a protegerlos de cualquier tormenta… incluso si esa tormenta venía del propio corazón de la familia Todoroki.
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Mamá de......
FanfictionEn esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten..... •◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌• •◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌• •◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌• •◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌• •◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•...
