En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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La mañana había empezado tranquila en Monster High… hasta que Heath Burns, como siempre, decidió que encender accidentalmente la cortina del laboratorio de alquimia sería “una forma divertida de animar la clase”.
No pasó mucho antes de que la directora Bloodgood enviara una carta urgente a casa de los Burns. Pero Heath no pareció alterarse. Hasta que vio entrar por las puertas del instituto a su madre: T/n Burns.
Una mujer alta, de curvas definidas y elegancia natural, con un abrigo negro de piel falsa que caía como cascada por sus hombros, gafas oscuras que ocultaban sus ojos filosos y unos tacones que sonaban como sentencia en cada paso.
Los murmullos se esparcieron como fuego en los pasillos:
—¿Esa es la mamá de Heath? —susurró Clawdeen, asombrada—. Literalmente parece una diosa.
—No puedo creer que Heath venga de eso —soltó Draculaura.
—Silencio, que los va a fulminar con la mirada —bromeó Lagoona.
Heath tragó saliva. Cuando su madre se quitó las gafas frente a la directora, todos vieron los ojos brillantes, inteligentes, que contrastaban con la expresión de “¿qué hizo mi hijo ahora?”
—Directora Bloodgood —saludó T/n con voz firme pero educada—. ¿Me explica qué ocurrió?
—Su hijo incendió un escritorio, dos libros y el cabello de una alumna. Según él, fue “sin querer”.
—¡¡Mamá, juro que fue un accidente!! —interrumpió Heath, levantando las manos—. Yo solo dije que me parecía linda y… bueno… mi mechón se prendió… y luego todo se prendió…
T/n lo miró fijamente. No dijo nada. Solo levantó una ceja. Heath se calló de inmediato.
—Heath tiene un corazón noble, pero aún no sabe controlar sus impulsos —dijo ella, sin despegar la mirada de su hijo—. Ni los emocionales… ni los térmicos.
La directora Bloodgood asintió.
—Ya lo creo. Y si no se controla, vamos a necesitar extintores en cada salón.
T/n caminó hasta su hijo y lo sujetó de la oreja.
—¡Mamá! ¡¡Ay!! ¡Eso duele!
—Y aún así no duele tanto como leer las notas que mandan por tus tonterías, Heath Ignatius Burns.
—¡¿Mi segundo nombre?! ¡¿Tenías que decir mi segundo nombre frente a todos?!
—También puedo decir tu apodo de bebé —amenazó, muy seria.
Heath palideció.
—Ok… no. Estamos bien. Yo… aprendo. Juro que aprendo.
Mientras la directora firmaba el reporte, T/n se volvió hacia los estudiantes que seguían mirando como si fuera un espectáculo.
—¿Qué? ¿Nunca vieron a una madre venir a ponerle un alto a su hijo? —preguntó con elegancia afilada.
—¡Es que usted es increíble! —gritó Deuce—. Heath, ¿por qué nunca dijiste que tu mamá es tan cool?
—¡Porque ustedes no tienen que vivir con ella cuando se enoja! —chilló Heath, aún sobándose la oreja.
T/n se inclinó hacia él, bajando la voz:
—Sabes que te amo, ¿verdad?
—Sí, mamá…
—Entonces deja de incendiar cosas para coquetear. O empiezo a acompañarte a todas las clases.
Heath se atragantó del susto.
—¡¡NOOOO!! ¡OK! ¡Seré un ángel! ¡Un ángel inofensivo y sin fuego!
Ella le guiñó un ojo y, tras despedirse cortésmente, se fue con la misma elegancia con la que llegó.