Ñoño

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Pedido de AnjaliVanessaOgoaGu0

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🌸 Ser la mamá de Ñoño

Ese día, la vecindad estaba hecha un alboroto. Doña Florinda gritaba desde su puerta para regañar a Quico, la Chilindrina correteaba al Chavo por todo el patio reclamándole una paleta, y Don Ramón estaba sentado en una escalera, rascándose la cabeza con cara de “¿ahora qué hice?”.

Fue entonces que el silencio cayó de golpe. Todos se quedaron mirando cuando Don Barriga apareció en el pasillo, con su maletín de rentas bien apretado contra el pecho… y a su lado ibas tú.

Alta, algo flaca, elegante con un vestido claro que te entallaba la cintura, y con esa sonrisa tan amable que rompía cualquier tensión. Tu cabello bien peinado brillaba al sol, y tus ojos tenían un brillo cálido que enseguida contagiaba tranquilidad.

—¡Muy buenas tardes! —saludaste con una voz dulce.

—¿Y esa quién es? —susurró la Chilindrina a Quico, quien se limitó a inflar los cachetes.

—Ella es mi esposa, T/n —respondió Don Barriga, con una pequeña sonrisa orgullosa—. Y la mamá de Ñoño.

Ñoño salió detrás, abrazándote con fuerza.

—¡¿A poco no es guapísima mi mamá?! —exclamó, inflando el pecho con tanto orgullo que parecía que iba a explotar.

Doña Florinda te miró de arriba abajo con cierto recelo, pero luego suavizó el gesto y te ofreció una mano educada.

—Encantada, señora.

El Chavo, que miraba desde un rincón, se acercó despacito para olfatearte el perfume, como si fuera algo mágico. Tú te agachaste un poco y le acariciaste la cabeza, dándole una palmadita en el hombro que lo hizo sonreír.

Don Ramón aprovechó el silencio para bromear:

—¡Ah, caray! Con razón Don Barriga siempre viene tan feliz a cobrar la renta. ¡Con semejante señora en casa!

Todos rieron, menos Doña Florinda que le dio un coscorrón por descarado. Mientras tanto, el Profesor Jirafales entró por el portón con su clásico “¡Ta-ta-ta-ta-ta!” cargando un ramo de flores para Doña Florinda, pero cuando te vio, se quedó pasmado.

—¡Oh! ¿Y usted es…?

—T/n, mucho gusto —dijiste ofreciéndole la mano con amabilidad.

—Un placer, un placer —dijo Jirafales, un poco sonrojado—. ¿Puedo saber a qué se dedica una dama tan distinguida?

—Soy maestra —contestaste con orgullo y una sonrisa amplia—.

—¡Vaya! —exclamó Jirafales, dándote un apretón de mano más entusiasta—. Eso explica el porte y la educación. La docencia es una vocación maravillosa.

Doña Florinda lanzó un “¡Profesor Jirafales, por favor!” celosa, haciendo que él rápidamente se pusiera recto y volviera a centrar su atención en ella.

Ñoño entonces empezó a presumirte con todos:

—Mi mamá me ayuda con las tareas, me hace tortas más grandes que las del Chavo, y canta muy bonito cuando me voy a dormir.

La Chilindrina hizo un puchero:

—Ay, Ñoño, ya entendimos que tu mamá es perfecta, no nos lo tienes que restregar en la cara.

Pero tú reíste bajito y tomaste la mano de la Chilindrina también.

—No digas eso, corazón. Tú también debes ser muy especial para tu papá. —Le revolviste el cabello con cariño.

—Bueno, yo… seguiré acompañando a mi esposo con las cuentas —dijiste, tomando el brazo de Don Barriga.

Mientras iban puerta por puerta, todos te miraban de reojo, comentando lo amable y educada que eras. Ñoño no se despegó ni un segundo de ti, feliz de presumir a su mamá frente a toda la vecindad.

Y aunque el lugar era modesto y ruidoso, tú sonreías, sintiéndote curiosamente en paz entre esos vecinos tan únicos que ahora, de cierta forma, también formaban parte de la historia de tu familia.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora