En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
---
🛳️💘 “Un nuevo zing para Drac” — Crucero Monstruoso
El barco flotaba en medio del océano, repleto de luces, música y monstruos de todos los tamaños disfrutando sus vacaciones. Todo parecía ir perfectamente… al menos para todos menos Drácula, que paseaba con Mavis, Johnny y Dennis, intentando no sentirse tan solo.
—Vamos, papá. Deberías relajarte, ¡estamos de vacaciones! —decía Mavis mientras Dennis le pegaba a una piñata con forma de vampiro.
Drácula forzó una sonrisa, pero por dentro suspiraba. Desde su "zing" con Martha, no había vuelto a sentir nada igual. Hasta que…
—¡Oye! ¡Cuidado con ese esqueleto que se desarma cuando baila! —una voz dulce, con un tono firme y encantador, resonó a su izquierda.
Drácula volteó de inmediato… y ahí estaba ella.
(T/n).
Una mujer de figura elegante, ojos intensos, sonrisa perfecta y una presencia tan fuerte que hacía que incluso los fantasmas se quedaran sin aliento. Era una criatura mística, mitad bruja, mitad algo más ancestral… nadie lo sabía exactamente. Solo que era imposible ignorarla.
Y en cuanto Drácula la miró…
¡ZING!
El aire cambió. Los ojitos del Conde se agrandaron, sus colmillos temblaron y hasta sus orejas se pusieron rojas.
—¿E-e-eh? —balbuceó Drac, mirando como (T/n) se acercaba con su copa de sangre artificial.
—¿Eres tú el famoso conde solitario del hotel? —preguntó ella, sonriendo con malicia.
—¿Yo? O sea, sí, pero... conde, ¿solitario?, ¿quién? ¿yo? Nooo, para nada, ja, ja, ja, estoy... uuh... súper ocupado siendo feliz... ¿quieres bailar?
(T/n) rió.
—Relájate, conde. Solo vine a disfrutar las vacaciones… Aunque no me molestaría tener buena compañía.
De lejos, Mavis entrecerró los ojos.
Drácula, nervioso, trató de disimularlo, pero su cara lo decía todo.
(T/n) volvió a hablar, con esa voz que le erizaba la capa.
—Entonces… ¿bailamos, Drácula? ¿O solo sabes hipnotizar y decir “bleh bleh bleh”?
—¡Yo no digo bleh bleh bleh! —dijo él automáticamente… y luego se rió, avergonzado.
La tomó de la mano, y juntos se movieron a la pista de baile. Todos los monstruos voltearon a ver cómo el temido Drácula bailaba como un adolescente nervioso con una diosa oscura. Johnny gritaba “¡Ése es mi suegro!”, mientras Murray hacía una ola de arena de emoción.
Y aunque Drácula intentaba hacerse el galán, lo cierto es que estaba completamente hechizado… y esta vez, no por magia.
Por primera vez en siglos, Drácula sintió que su corazón —o lo que quedaba de él— latía por alguien más.