Clawd Wolf

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Monster High — Patio trasero, hora del almuerzo.

La música sonaba bajita desde una esquina, un grupo de estudiantes se reía mientras compartían sus almuerzos. En una de las mesas más concurridas, estaba Clawd Wolf, con los pies sobre la mesa, lentes oscuros, y rodeado de chicas que reían por cada broma suya. Su popularidad era un hecho. Pero no por eso se salvaba del regaño de su madre…

—¡Ah no, ya me colmó el colmillo! —masculló Clawdeen mientras te mandaba la ubicación por mensaje.

Veinte minutos después, un rugido de motor detuvo la vida escolar por unos segundos.

Un auto negro brillante —con el emblema plateado de una garra marcada en el cofre— se estacionó con clase frente a la reja. Los murmullos no se hicieron esperar.

—¿Quién llegó?

—¿Esa no es…?

—¡Es la mamá de los Wolf!

T/n Wolf bajó del coche con una seguridad feroz. Tu cabello largo, suelto, brillaba con cada paso. Vestías pantalón de cuero negro, botas hasta la rodilla y una blusa blanca que contrastaba con tu chaqueta entallada. Tu mirada… letal. El personal de seguridad no te detuvo. ¿Quién sería tan tonto?

Al verte avanzar con paso decidido, Clawd escupió su soda.

—No… no puede ser… —susurró, bajándose los lentes lentamente.

—Clawd Elijah Wolf —dijiste en voz alta, y el silencio se apoderó del lugar.

Todos los ojos se voltearon a ver al lobo. Sus amigos lo miraban como si hubiera invocado a su jefa final.

—M-mamá… esto no es lo que parece…

—¿En serio? Porque parece que estás aquí haciéndote el galán cuando tu hermana me acaba de llamar diciendo que te saltaste tres entrenamientos y no entregaste ni un solo ensayo esta semana.

Una de las chicas a su lado murmuró:

—Ay, qué intenso…

—¿Perdón? —dijiste tú, girando la cabeza con una sonrisa afilada. La chica se puso pálida—. Cariño, cuando tú des a luz a un lobo de casi cuatro kilos que nació aullando, entonces hablas. Mientras tanto… silencio.

La mesa se quedó en shock. Clawdeen se cruzó de brazos desde la entrada, sonriendo con satisfacción.

—¿Frente a todos, mamá? —murmuró Clawd, con las orejas gachas.

—¿Querías protagonismo? Aquí lo tienes, campeón —dijiste mientras le jalabas la oreja, haciendo que todos se rieran suavemente.

—Auch, ¡maaaamá!

—Cuando recuperes tus horarios, tus notas y tu respeto por el apellido que llevas, hablamos de verte “relajado” —soltaste con tono serio—. Por ahora, vas a acompañarme a hablar con el director. Y después, con la entrenadora. Y si me entero que fuiste grosero con ella otra vez, juro que te mando con tu abuela… y ya sabes cómo cocina.

Los estudiantes abrieron los ojos con horror. Nadie se atrevía a reír.

—¡No! ¡Con la abuela no! —dijo Clawd al instante, poniéndose de pie y acomodándose—. Está bien, ya entendí.

—Qué rápido aprendiste —dijiste dándole una palmadita firme en la espalda.

Te giraste con porte de loba alfa, pero antes de irte, le guiñaste un ojo a Clawdeen y le dijiste:

—Gracias, amor. Te debo un helado de hígado.

—¡Yes! —celebró ella, y te siguió por el pasillo.

Mientras tanto, Clawd Wolf, el lobo galán, el más popular, caminaba detrás de su madre con la cabeza gacha, y las manos en los bolsillos… como un cachorro regañado.

—Y más te vale que me llames antes que tu hermana vuelva a hacerlo —dijiste sin mirarlo.

—Sí, mamá…

Y así, se volvió oficial en Monster High:

No hay criatura que dé más miedo que la mamá de Clawd Wolf.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora