En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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El rumor corrió por los pasillos de Monster High como chispa en una momia electrificada.
-¿Escucharon? Dicen que la mamá de Cleo va a venir... -susurró Lagoona con los ojos abiertos como platos.
-¿Cleo tiene mamá? Pensé que simplemente... había salido de una urna de oro -bromeó Clawd, ganándose un codazo de Draculaura.
Frankie, que estaba grabando todo para el canal de la escuela, enfocó la entrada principal justo a tiempo para capturar la llegada más dramática en la historia de Monster High.
Las puertas se abrieron con una brisa seca y perfumada a mirra. Un par de sirvientes momificados extendieron una alfombra carmesí. Y entonces apareció ella.
T/n, Reina de las Arenas Eternas.
Altísima. Imponente. Vestida en un traje egipcio de oro puro, con collares que podían cegar, una corona que parecía flotar sobre su cabeza y una mirada que podía juzgar a un dios.
-¡Hija mía! -dijo con voz fuerte, grave y musical mientras avanzaba.
Cleo, en pleno ensayo del desfile, casi se atraganta con una uva.
-¡¿Madre?! ¡¿Qué haces aquí?!
T/n levantó un brazo con gracia imperial.
-Vine a supervisar que el evento de Monster High esté a la altura del legado de los Nilo. No vaya a ser que alguien olvide que tú eres una diosa entre monstruos.
Draculaura susurró: -Ah, con razón Cleo es como es...
T/n caminó entre los estudiantes como si fueran parte del decorado de un templo. Frankie apenas podía contener los "¡OMG!" mientras grababa.
-Mi niña -dijo T/n deteniéndose frente a Cleo-. ¿Esa es la postura que has adoptado? Espalda recta, mentón en alto, mirada de reina. Que todos te vean como yo te veo: un tesoro eterno.
Cleo asintió, inflándose de orgullo. -Claro, madre. Como siempre.
Entonces, T/n volteó hacia los demás estudiantes.
-A ustedes, compañeros de mi hija... Cuídenla bien. No permitiré que la única flor de loto entre arenas se marchite por tonterías adolescentes. Y si alguien osa tratarla como si fuera común...
Los sirvientes desenrollaron una especie de pergamino... con una lista de maldiciones.
Todos tragaron saliva.
-Ahora, querida -dijo T/n con una sonrisa orgullosa-, muéstrales a todos por qué eres mi reflejo. Que el mundo sepa que las reinas no se hacen... se nacen.
Cleo brilló (literalmente, con sus joyas reflejando las luces del salón). -Sí, madre. Les mostraré que no hay corona más brillante que la mía.
Clawdeen, viendo todo desde el fondo, murmuró: -Y yo pensando que mi mamá era intensa...