Jade West

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Segundo pedido de Lucero_Estrellas

—¡¿Qué demonios estás diciendo, Jade?! —gruñó Viktor West, bajando la taza de café con un golpe sordo contra la mesa

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—¡¿Qué demonios estás diciendo, Jade?! —gruñó Viktor West, bajando la taza de café con un golpe sordo contra la mesa. Su ceño fruncido se volvía casi una advertencia natural, esa misma que solía intimidar a cualquiera… excepto a Jade.

Yo, a su lado, mantuve la calma, aunque crucé las piernas y la miré con curiosidad casi profesional. Ser psicóloga me daba ese hábito automático de evaluar expresiones y gestos. Y Jade, con su delineador corrido, los hombros tensos y los ojos brillando de rabia, claramente estaba herida más que otra cosa.

—¡Lo que escucharon! —replicó Jade con voz áspera, girando los ojos con su típico gesto dramático—. La princesita nueva, Tori Vega, se besó con Beck en plena improvisación de clase. ¡Y él se quedó ahí parado, sin hacer nada!

Viktor entrecerró los ojos con un destello peligroso. —¿Improvisación? ¿Eso ahora significa tragarle la lengua a quien quieras delante de todo el mundo?

—Exacto —bufó Jade, cruzándose de brazos—. ¡Y luego Beck tuvo el descaro de decirme que “no fue nada, es teatro, Jade”! Como si eso me calmara.

—Si yo fuera él, y tuviera a mi novia West mirándome así, habría puesto medio continente entre nosotros —gruñó Viktor, dándole un pequeño golpe con el índice en la frente, no muy fuerte pero sí claro.

—Querido… —intervine yo con suavidad, posando la mano sobre su antebrazo. Noté cómo se relajó apenas con mi toque.

—¿Qué? —me replicó, aunque sin mirarme con dureza. Conmigo no podía mantener ese muro mucho tiempo.

—Lo que quiero decir —seguí, volviendo mi atención a Jade— es que Beck quizá no supo cómo reaccionar. Tú sabes lo caótico que puede ser un ejercicio de improvisación… a veces hasta los maestros empujan esas situaciones.

—¡Eso mismo me dijo Beck! —espetó Jade, levantándose de golpe—. ¡Pero eso no quita que pudo haber retrocedido, decir algo, mirarla feo, no sé! ¡Yo estaba ahí, Tori sabía perfectamente que somos pareja!

Viktor soltó un resoplido irónico. —¿Quieres que vaya a darle una pequeña charla educativa a Beck? Puedo explicarle con un par de ejemplos por qué se respeta la propiedad ajena.

—¡Papá! —jade soltó, aunque apenas pudo contener una sonrisita torcida—. No necesito que intimides a Beck… todavía.

—Tendrás tu carácter, Jade, pero eres West. Y ningún West deja que le pasen por encima —dijo Viktor, con tono serio, mirándola directo a los ojos. Luego giró el rostro hacia mí, y su expresión cambió sutilmente, volviéndose casi tierna cuando sus dedos rozaron mi mano—. ¿Tú qué opinas, amor?

Yo exhalé con suavidad, acariciándole los nudillos. —Opino que nuestra hija está celosa, frustrada y tratando de procesar algo que la hace sentir insegura. Es normal. Pero Jade, confía en Beck. Y más importante, confía en ti. Si hay alguien capaz de mantener bien lejos a cualquier competencia, eres tú.

Jade hizo un ruido entre una risa corta y un bufido. —Sí, sí… ustedes dos juntos son insufribles. Uno queriendo matar y la otra queriendo analizar mi mente.

—Bueno, no me casé con una psicóloga para no disfrutar del diagnóstico familiar gratis —bromeó Viktor, guiñándome un ojo. Yo le di un pequeño codazo, aunque con una sonrisa.

Finalmente, Jade soltó un suspiro larguísimo. Luego caminó alrededor de la mesa, se paró detrás de Viktor y apoyó la barbilla en su hombro, como cuando era más pequeña. Él le pasó la mano por el cabello, con un gesto casi mecánico que demostraba lo acostumbrado que estaba a esa muestra rara de cariño.

—¿Me guardan pastel? —preguntó con un tono que casi sonaba a súplica.

—Si no vuelves con un informe detallado de cuántas veces Beck pestañeó en dirección a otras chicas, claro que sí —gruñó Viktor, aunque se notó el orgullo en su voz.

—Trato hecho. —Jade rodó los ojos y salió de la cocina, murmurando algo sobre escribir una canción donde amenazara a la próxima que se acercara a Beck.

Cuando se fue, Viktor dejó escapar una risa corta, algo ronca, antes de mirarme con un brillo de complicidad.

—¿Y bien, doctora West? ¿Nuestra hija va a crecer sin terminar en un manicomio?

—Probablemente… aunque será más fácil que el manicomio termine adaptándose a ella —respond

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora