En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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🖤 Título: La Reina del Inframundo
Género: Fantasía oscura, romance mitológico
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El aire en el Inframundo era distinto. Más denso, más lento. El tiempo no pasaba como en la superficie. Aquí todo era eterno. Inmutable. Silencioso.
Y aún así… ella respiraba.
T/n caminaba por los pasillos del palacio de ébano con una elegancia que incluso los muertos respetaban. Su vestido negro arrastraba un suave susurro detrás de ella. Cada paso resonaba en el mármol oscuro como si el mismísimo mundo se inclinara para abrirle paso.
Era la esposa del dios Hades. Su reina. Aunque no por elección.
El matrimonio había sido un trato. Uno entre la luz y la sombra. El Olimpo y el Inframundo. Un pacto para mantener la paz entre mundos. T/n, hija de una diosa poderosa de la vida y la belleza, fue entregada como moneda de equilibrio. Se decía que nadie podía igualar su luz.
Y ahora… vivía entre sombras.
Pero Hades nunca fue cruel.
Era distante, sí. Frío. Misterioso. Un dios que gobernaba con puño firme y mirada implacable. Pero cuando sus ojos —oscuros como el abismo— se posaban sobre ella, no había castigo. No había dolor. Solo deseo… contenido. Algo salvaje, encerrado bajo capas de autocontrol.
Esa noche, hubo un banquete. Espíritus nobles, guerreros caídos, ninfas del Lete. Todos los invitados del Inframundo se reunían para una celebración antigua. Y ella, como reina, debía presidir junto a él.
T/n apareció en lo alto de las escaleras, vestida con un conjunto de terciopelo rojo oscuro, como la sangre seca de los dioses. Su espalda estaba desnuda, su escote profundo, y llevaba una corona de obsidiana entrelazada con pequeñas flores secas: símbolos de vida y muerte, unidos en ella.
Todos se callaron al verla.
Y él también.
Hades, sentado en su trono negro como la noche, alzó la vista con esa expresión serena… pero llena de fuego bajo la superficie. La miró de arriba abajo. Su mandíbula se tensó. Sus dedos apretaron el borde del trono.
Ella caminó hacia él con calma, sabiendo exactamente lo que estaba haciendo.
—¿Te agrada mi vestido, mi señor? —preguntó con una voz suave, casi burlona.
—Tu vestido… es una provocación —murmuró Hades, sin apartar la vista de ella.
—¿Y qué harás al respecto?
Una sonrisa se dibujó en sus labios. Ella tomó asiento a su lado, con la confianza de una reina que sabe que su poder no es menor al de su rey.
Pero bajo la mesa… su mano encontró la pierna de Hades.
Deslizó lentamente los dedos por encima de su túnica negra. Un roce apenas. Su pulgar marcando círculos suaves. El dios no se movió… pero ella lo sentía: la tensión, el control que se resquebrajaba poco a poco.
—Eres valiente —murmuró él, bajito, solo para que ella lo oyera—. ¿Estás jugando conmigo, esposa?
—Tal vez. ¿Te molesta?
—Me enciende.
Ella soltó una pequeña risa, sabiendo exactamente lo que hacía. Pero antes de que pudiera seguir, él atrapó su mano y la retuvo en su muslo, con fuerza, con ese calor oscuro que sólo él tenía.
—Esta noche —le susurró— no dormirás sola. Y no fingiremos que no hay fuego entre nosotros.
Ella lo miró. Sonrió con una mezcla de desafío y deseo. Y bajito, con esa voz dulce que a veces parecía de mármol: