Cole Walter

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 Ella estuvo antes que tú

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Ella estuvo antes que tú

La camioneta se detuvo frente a una casa más grande de lo que Jackie imaginaba. Vieja, rústica y viva. Con una energía caótica que casi se sentía en el aire.

George bajó primero, con su típica sonrisa de “todo va a estar bien aunque no lo esté”. Katherine abrió la puerta de copiloto y la miró con suavidad.

—Lista para el zoológico.

Jackie forzó una sonrisa. —Lo intentaré.

Al bajar, el griterío comenzó de inmediato.

—¡Tú debes ser Jackie! —gritó un chico de cabello revuelto, que venía rebotando en una patineta.

—¡Soy Danny! ¡Cuidado con la escalera, tiene una tabla suelta!
—¡Y yo soy Will! ¡Y tengo hambre, así que corre si no quieres que te robe algo!

Katherine intentó poner orden, pero era inútil. La bienvenida era ruidosa, pero genuina.

Dentro de la casa, Jackie dejó su maleta al pie de la escalera mientras sus ojos recorrían los retratos en las paredes. Fotos familiares, diplomas, dibujos escolares… y entonces, algo llamó su atención.

Una imagen perfecta:
Una chica de cabello castaño oscuro, suelto y brillante, cuerpo de modelo, sonrisa sobria y elegante, abrazando a Katherine como si fuera su madre. Alrededor, los hermanos Walter riendo, y Cole con una expresión que Jackie no había visto aún: feliz.

—¿Quién es ella? —preguntó Jackie, señalando la foto.

Katherine se quedó en silencio un momento. Luego se acercó con calma.

—Ella es T/n Thompson. Fue… parte de la familia.

—¿Una prima? ¿Amiga de la infancia?

George se rió leve desde el fondo. —No. Fue la primera novia de Cole. Y, si preguntas a todos aquí, su único amor real.

Jackie alzó las cejas. —¿Cole… tuvo novia? ¿Formal?

—Y no cualquier novia —intervino Alex, desde el sillón con un libro en la mano—. Era increíble. Inteligente, guapa, segura. La mejor chica que pasó por esta casa. Hasta que Cole hizo lo que siempre hace: destruirlo todo.

Jackie frunció el ceño, sorprendida por lo unánime de la opinión.

—¿Y por qué terminaron?

—Porque él no supo valorarla —dijo Katherine sin rodeos—. Ella lo amaba. Él… no estaba listo. O no supo cómo.

Jackie se quedó observando las fotos. Había otra en la cocina, una en la nevera, otra más enmarcada en la escalera. Esa chica no había sido un capítulo… había sido una historia entera.

Y entonces, el motor de una camioneta rugió afuera. Un sonido grave, potente, elegante.

Will se asomó por la ventana y gritó:

—¡ES ELLA! ¡LA RAPTOR NEGRA!

Todos enmudecieron.

—¿T/n...? —dijo Katherine, casi sin creerlo.

La puerta se abrió.

Y ahí estaba T/n Thompson.

Vestida con un conjunto de lino beige, gafas de sol oscuras, botas de diseñador, y una energía que helaba y deslumbraba al mismo tiempo. Una silueta de pasarela. Una mirada como cuchillas finas.

—Hola —dijo con voz suave, británica, casi cortante.

Katherine se acercó como si viera a una hija perdida.

—T/n... ¿viniste?

—Solo por unas cosas que olvidé en la habitación de Cole —dijo ella sin rodeos.

Todos se giraron hacia las escaleras… donde Cole Walter había bajado al escuchar el motor.
Llevaba una camiseta negra, jeans y una expresión completamente congelada.

—T/n —dijo él, mirándola como si no pudiera creer que estaba frente a él otra vez.

Ella lo miró. Nada más.

—¿Puedo hablar contigo? —preguntó él, con la voz más suave que nadie le había escuchado.

T/n dudó un segundo. Luego asintió y subió por las escaleras. Él la siguió, en silencio.

Jackie se quedó de pie, sintiendo el cambio de temperatura emocional en la casa.

George suspiró. Katherine se abrazó los brazos, con una sonrisa débil.

—Tal vez… —susurró.

—No —dijo Alex sin levantar la vista—. Ella no va a volver. No con él. Y lo sabes.

---

Arriba, en la habitación de Cole…

T/n entró como si nunca se hubiera ido. Los posters seguían, el escritorio aún con su taza de café favorita encima.

—Todo sigue igual —dijo con ironía.

—No quise tocar nada. No sabía si… si algún día...

—No, Cole. No sabía si ibas a seguir fallando, y bueno. Lo hiciste.

Él cerró la puerta. La miró.

—¿Qué quieres que diga? Lo arruiné. Lo sé.

—No quiero que digas nada. Vine por mis vestidos. Y mi estuche de maquillaje. Y ya está.

—Pero tú me querías.

—Sí. Y tú me perdiste.

—¿No me das otra oportunidad?

Ella lo miró. Profundo. Sin rencor, pero sin esperanza.

—No. No porque te odie. Sino porque ya no creo en ti.

Cole bajó la cabeza. Su pecho se contrajo.

T/n recogió su portatrajes, su estuche y caminó hacia la puerta. Se detuvo un segundo.

—Gracias por las memorias, Cole. Algunas valieron la pena. Otras me enseñaron qué no volver a permitir.

Abrió la puerta, lo miró una última vez.

—Adiós, Cole.

Y bajó las escaleras.

Y bajó las escaleras

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Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora