En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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El cielo brillaba con tonos lavanda al caer la tarde, y la suave brisa agitaba los cerezos del patio. Una casa antigua pero acogedora se alzaba en el corazón del santuario. Allí, entre tatamis gastados, cortinas de papel de arroz y aroma a sopa de algas, vivían cinco niños que algún día serían conocidos como los Saja Boys.
Pero por ahora... solo eran Jinu, Mystery, Abby, Romance, y el pequeño Baby.
Y cuidándolos a todos, con paciencia y amor inquebrantable, estaba T/n, su mamá.
-¡Jinu, baja de ese tejado ahora mismo! -gritó T/n desde el porche mientras sostenía una olla caliente.
-¡Estoy practicando cómo atrapar rayos como los dioses! -respondía el mayor con los brazos extendidos al cielo.
Mystery hojeaba pergaminos antiguos, sentado bajo la sombra del árbol central, con su expresión siempre distante.
-Mamá, ¿qué significa esto? -preguntó alzando un dibujo de una runa demoníaca.
T/n frunció el ceño con cuidado, se agachó a su lado y le revolvió el cabello.
-Significa que algún día vas a hacer cosas grandes... pero no aún. Hoy solo necesitas preocuparte por no olvidar ponerte sandalias, ¿ok?
Romance tejía coronas de flores para todos.
-Mami, ¿crees que si le doy una a un zorro, me va a querer para siempre?
-Depende -dijo T/n, riendo suavemente-. ¿Es un zorro de verdad o uno disfrazado de chico guapo?
-¡Shhh! -gritó Abby desde la cocina-. ¡No distraigan a mamá, se le va a quemar la sopa otra vez!
-¡Fue UNA vez! -protestó T/n.
En ese momento, Baby entró gateando con una piedra en la boca.
-¡Otra vez! -gritaron todos.
T/n corrió, le sacó la piedra suavemente y lo alzó en brazos. El pequeño la miró con ojos brillantes, luego se acomodó contra su pecho con un suspiro feliz.
-¿Cómo logramos sobrevivir tú y yo, eh? -susurró ella.
Cuando llegó la noche, los cinco se acurrucaron en el futón grande que T/n improvisó solo para ellos. Afuera, la luna brillaba como un centinela. Dentro, las respiraciones lentas marcaban el ritmo de la paz.
Antes de cerrar los ojos, Jinu murmuró:
-Mamá... ¿vamos a estar siempre juntos?
T/n los miró a todos, uno a uno. Aún no sabían la verdad de lo que llevaban dentro. Las marcas. Las visiones. El fuego que vendría.
Pero en ese momento... aún eran niños.
-Sí, mi amor -respondió en voz baja-. Siempre. Pase lo que pase, ustedes son míos. Y yo... soy de ustedes.
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Narradora:
Mucho antes de que fueran demonios. Mucho antes de la oscuridad y las batallas. Existió un tiempo de luz. Un hogar. Una mamá. Un amor que ni siquiera el fuego pudo borrar.