Tensei y Tenya Iida

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🚨 "Mi motor favorito siempre fue su corazón" 🚨

La mansión Iida se alzaba como una torre blanca entre jardines simétricos y fuentes murmullantes. Pero esa tarde no tenía nada de calma.

Unos pasos acelerados retumbaron por el pasillo.

—¡Tenya Iida! —la voz de T/n, su madre, cortó el aire como un látigo—. ¿¡Cómo que saliste sin terminar el almuerzo!?

El joven héroe frenó de golpe en seco, más por instinto de respeto que por miedo. Detrás de él, su hermano mayor Tensei —también conocido como Ingenium— no pudo evitar reír con nostalgia.

—Deja que respire, mamá —bromeó Tensei, con la misma sonrisa traviesa de cuando era niño—. A veces siento que todavía somos unos mocosos.

—Y lo seguirán siendo mientras yo sea su madre —respondió T/n, elevando una ceja con elegancia.

Tenya se cuadró como un soldado, con los lentes un poco torcidos del apuro.
—Perdón, madre. Era una emergencia. ¡Héroes necesitaban apoyo en la zona este!

—¿Y tú crees que los héroes pueden hacer su trabajo sin energía? —replicó ella—. Yo crié a dos pilares del mundo heroico. ¿Crees que lo hice con hambre? ¡Ven acá!

Sin más, lo jaló del brazo hasta la cocina como cuando tenía seis años y se negaba a comer verduras.

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Mientras los tres estaban sentados, compartiendo una comida hecha por ella misma (claro, con ingredientes perfectamente seleccionados por un chef de confianza), la conversación se tornó más suave.

—Recuerdo cuando Tenya se tropezó por primera vez con sus motores —suspiró T/n, sonriendo mientras le servía más arroz—. Lloraba como si el mundo se acabara.

—¡No fue así! —protestó Tenya, ruborizado—. Solo estaba evaluando la eficiencia del movimiento.

Tensei se rió a carcajadas, y T/n le guiñó el ojo.
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Horas después, cuando salieron para patrullar, ambos Iida se despidieron con reverencias profundas.
Y cuando se alejaban en sus trajes de héroes, con el sol poniéndose a sus espaldas, T/n Iida los observó desde la entrada con una sonrisa orgullosa.

—Que los dioses griegos se vistan como quieran —murmuró con ironía—. Pero mis hijos… son los verdaderos héroes.

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