Ares, Dios del Olimpo

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⚡“Ni la diosa de la amabilidad perdona la traición”

Los cielos no eran cielos esa tarde. Se ennegrecieron como si el universo mismo temiera lo que estaba a punto de revelarse.

Hefesto, el dios forjador, convocó a todos los dioses. Con el rostro serio, su mirada oscura brillaba con una chispa de justicia contenida.

—Hoy… contemplarán la verdad. —Su voz rugió como fuego golpeando metal.

Y entonces, frente a todos los dioses del Olimpo, reveló su trampa: cadenas doradas hechas con el metal más resistente del universo atrapaban en una cama celestial a Afrodita, su esposa, y Ares, el dios de la guerra.

Desnudos. Juntos. Expuestos.

Los murmullos fueron sofocados por un solo sonido…

El rugido del cielo.

—¡¿Ares?! —Una voz rompió el aire como un rayo.

Era T/n, diosa de la amabilidad.
Amada por los mortales.
Respetada por los dioses.
Y esposa legítima de Ares.

La multitud divina se giró hacia ella. Su túnica blanca ondeaba con fuerza, aunque no había viento. Su largo cabello brillaba como un cometa, elevándose sobre su cabeza, impulsado por la furia pura. Rayos danzaban sobre sus brazos, y sus ojos…
Sus ojos ya no mostraban paz.

—¡Me juraste lealtad! Me prometiste que tu fuego solo me pertenecería a mí… —dijo con una voz tan contenida que heló el alma incluso de Poseidón.

—T/n, escúchame… —balbuceó Ares, intentando liberarse de las cadenas, derrotado por la culpa—. Fue un error.

Ella lo miró sin piedad.

—Soy la diosa de la amabilidad… pero incluso yo tengo un límite.

Levantó la mano, y la tormenta la obedeció. Rayos cayeron por doquier, estremeciendo los pilares del Olimpo. Afrodita se cubría con vergüenza. Ares no podía sostener la mirada de la mujer que lo amó más allá de su brutalidad.

Zeus se levantó, intentando intervenir.

—T/n, ¡basta! No puedes destruir el Tártaro.

—Si hace falta… lo reconstruiré desde sus ruinas.

Con un solo grito cargado de poder divino, las cadenas se rompieron. Ares cayó. Y T/n, como una estrella en explosión, desapareció en luz pura, dejando un silencio que ni Apolo osó romper con su lira.

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✨“La diosa que nadie puede alcanzar”✨

Días después, el Olimpo ya no hablaba de otra cosa.

T/n, ahora sola, se recluía en un santuario hecho de nubes flotantes, jardines inmortales y lagos celestiales. Pero la paz nunca dura cuando los dioses… se obsesionan.

Apolo fue el primero en intentarlo.

—T/n… tú eres luz como el sol. Deja que mi lira cante tu nombre por la eternidad. —Le dijo, arrodillándose con rosas doradas en sus manos.

Hades emergió desde las sombras.

—Incluso el Inframundo se inclinaría ante tu presencia, T/n. Ven conmigo. Sé mi reina… Mi eternidad te pertenece si lo deseas.

Poseidón, desde las profundidades del océano, hizo temblar las costas con columnas de agua que formaban su rostro.

—Hermosa diosa, ni la sal de mis mares es tan pura como tu corazón. Sé mía, y gobernarás los océanos junto a mí.

Pero ella solo los miraba con seriedad… y una calma letal.

—Yo no seré la segunda esposa de NADIE.
Ni trofeo. Ni consuelo. Ni reemplazo.

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💥Y mientras todos los dioses intentaban conquistarla…

Hefesto, en silencio, enviaba cosas distintas.
No palabras.
No promesas vacías.

Sino regalos hechos por sus propias manos.

Un broche dorado en forma de rayo, con su nombre grabado en élfico antiguo.
Un anillo forjado con metal que solo él podía extraer del corazón de un volcán extinto.
Y flores eternas, que no marchitaban.

Una nota corta llegó un día, escrita con su letra marcada:

> "No necesito que seas mía. Solo quiero que recuerdes que mereces ser amada... sin cadenas, sin sombras, sin mentiras."
— Hefesto.

T/n leyó la carta. Por primera vez desde la traición… sonrió.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora