Emmett Cullen

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Pedido de Galileamorales8

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El recuerdo de Emmett

Era una de esas raras noches tranquilas en la casa Cullen. Afuera, la nieve cubría el bosque con un silencio casi sagrado. Adentro, el crepitar de un fuego meramente decorativo (para los invitados humanos) iluminaba los rostros curiosos de Bella, Edward y el resto de la familia.

—¿Alguna vez pensaste en tu madre biológica, Emmett? —preguntó Bella suavemente, acomodada en el regazo de Edward.

Emmett, que casi siempre tenía una sonrisa burlona o un comentario para aligerar el ambiente, se quedó serio. Sus ojos dorados bajaron hacia sus manos, entrelazando sus dedos grandes, como si buscara algo allí.

—Sí —respondió tras un momento—. Todo el tiempo.

Hubo un silencio expectante. Incluso Rosalie, que rara vez mostraba interés por historias humanas, le prestó toda su atención.

—Vivíamos en una cabaña pequeña, pero siempre estaba cálida... por el fuego que mi madre mantenía encendido sin falta. Recuerdo que cantaba mientras cocinaba. Tenía una voz muy suave. Me gustaba entrar en la cocina solo para escucharla tararear, o verla sonreír cuando se daba cuenta de que estaba mirándola.

Su voz se quebró un poco, apenas perceptible.

—Después… creí que había muerto. Creí que se la había llevado una fiebre como a muchos en el pueblo.

Carlisle le posó una mano tranquilizadora en el hombro, apretándolo con suavidad.
—Sigue siendo parte de ti, Emmett. Aunque el tiempo pase… aunque ahora seamos algo diferente.

Emmett asintió, tragando el nudo en su garganta, y dejó el tema allí, sin saber que el destino tenía algo aún más retorcido preparado.

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Entrenamiento con los Vulturis

El aire estaba cargado de tensión. Frente a los Cullen, los lobos y sus aliados internacionales, se alineaba el poderío oscuro de los Vulturis. Aro sonreía, disfrutando el teatro. A su lado, tres figuras imponentes aguardaban con la misma quietud mortal. Fue entonces que Emmett frunció el ceño, sus ojos clavándose en una de esas figuras femeninas.

Una mujer de piel blanca como el mármol, cabello recogido en un elaborado moño, con labios rojos que no parecían pintados… sino manchados eternamente. Llevaba un vestido negro con detalles antiguos, que recordaban a otra época. Su mirada era intensa, de un rojo profundo que quemaba.

—¿Mamá…? —susurró Emmett sin darse cuenta, retrocediendo medio paso.

Bella miró con sorpresa.
—¿Qué pasa?

—Esa… esa mujer… —La voz de Emmett tembló, algo inaudito en él—. No puede ser. Es mi madre.

Edward entrecerró los ojos, leyendo sus pensamientos, y abrió la boca incrédulo.
—Dios mío…

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora