En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
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Lagoona nadaba lentamente por uno de los pasillos acuáticos de Monster High, con la mirada baja y las aletitas arrastrándose como si le pesaran el doble.
—Tal vez… simplemente no soy tan genial como los demás, —murmuró, cruzando los brazos.
Estaba tan metida en sus pensamientos que ni notó la figura elegante que se acercaba flotando entre burbujas, hasta que escuchó esa voz que la hacía sentir segura desde pequeña.
—¿Así que mi sirenita piensa que no es genial? Ay, nena… eso no lo voy a permitir.
—¿Mamá?! —Lagoona volteó sorprendida, viendo a su madre, T/n, con un vestido hecho de escamas brillantes, su cabello ondeando como una diosa del océano y una sonrisa que parecía iluminar todo el pasillo acuático.
—¿Qué haces aquí? Pensé que estabas en el Consejo Marino en el Caribe.
T/n se acercó y la abrazó con fuerza. Su aroma a sal y flores de coral hizo que Lagoona sintiera de nuevo ese calorcito del hogar.
—Una chica lobo muy insistente llamada Clawdeen me escribió diciendo que mi hija se estaba sintiendo menos monstruosa. Así que dejé todo y vine volando. Bueno, nadando rápido.
—Ay, mamá… —Lagoona suspiró—. Es solo que a veces siento que no encajo. Todos tienen poderes tan impresionantes, historias oscuras… y yo solo soy una chica del mar que habla con delfines.
T/n tomó su carita entre sus manos y la miró con ternura.
—¿Y eso no es impresionante, mija? Eres una sirena valiente, fuerte, compasiva. Has nadado entre tiburones, has rescatado criaturas marinas, ¡y tu sonrisa puede calmar una tormenta! No te menosprecies solo porque no eres como los demás. Tu brillo es diferente… y eso es lo que te hace única.
Lagoona sonrió con los ojitos vidriosos.
—Gracias, ma… en serio.
—Siempre, mi amor. Y además, —le guiñó un ojo—, tú heredaste mi estilo, ¿o no?
Justo en ese momento, Draculaura, Frankie y Clawd pasaban por ahí nadando y se quedaron con la boca abierta.
—¡Whoa! ¿Esa es tu mamá, Lagoona? —preguntó Clawd.
—¡Está increíble! —añadió Frankie, encantada.
—Ay, chicos, qué lindos. Soy T/n, la mamá de esta sirenita increíble. Y si alguna vez necesitan un consejo de moda marina o una receta de ramen con algas, ya saben dónde encontrarme.
Todos rieron y Lagoona la abrazó fuerte.
—Te quiero, ma. Me hiciste recordar quién soy.
—Y no lo olvides nunca. Eres mi sirenita luminosa, y brillas más que todas las perlas del océano juntas.
Mientras nadaban de regreso al salón, entre burbujas y risas, Lagoona ya no se sentía menos. Se sentía orgullosa. Orgullosa de su hogar, de su historia… y de ser hija de T/n, su mamá, su reina del mar.