Keigo Takami

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Pedido de: Galileamorales8

Era de noche, y la ciudad estaba casi vacía

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Era de noche, y la ciudad estaba casi vacía. Las calles estaban frías y silenciosas, pero en una esquina tranquila, una panadería seguía encendida. El cálido olor a pan recién horneado se escapaba por la rendija de la puerta.

T/n, la dueña, estaba limpiando el mostrador después de un día largo, tenía harina en las manos y un poco en la mejilla, pero no le importaba.

Hornear le daba paz.

De pronto, escuchó un golpecito en la puerta.

Se acercó y miró por el vidrio. Afuera había un niño, delgado, con una sudadera vieja y el pelo rubio despeinado. Lo que más llamaba la atención eran unas pequeñas alas rojas que salían de su espalda, un poco desordenadas.

T/n abrió con cuidado.

—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.

El niño no dijo nada. Solo miró hacia adentro con ojos grandes y cansados mientras abrazaba un peluche de endeavor.

—Huele rico… —murmuró al fin, sin levantar la mirada.

T/n sonrió con ternura.

—¿Tienes hambre?

Él asintió, la mujer no dudó en dejarlo entrar, le abrió la puerta del todo y dijo:

—Ven corazon, pasa, hace frío.

El niño entró despacito, como si no estuviera seguro de poder hacerlo. Se quedó parado junto al horno, mirando todo como si fuera un lugar de otro mundo.

T/n le sirvió un pan calentito con chocolate y una taza de leche tibia. Lo puso frente a él, sin hacer muchas preguntas.

—¿Cómo te llamas?

—Keigo… —contestó casi en un susurro.

—Bueno, Keigo, puedes venir aquí cuando quieras —dijo ella, sentándose frente a él— No necesitas comprar nada

Keigo la miró en silencio. Nadie le hablaba así. Nadie le ofrecía cosas sin querer algo a cambio.

Por primera vez en mucho tiempo, se sintió seguro.

No sabía quién era esa mujer ni por qué era tan amable. Pero en ese momento, entre el olor a pan dulce y el calor del horno, pensó que tal vez... no todo estaba perdido. Tal vez vendría más seguido.

 Tal vez vendría más seguido

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Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora