Gillington "Gil" Webber

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La mañana en Monster High estaba tranquila… hasta que los pasillos se llenaron de murmullos

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La mañana en Monster High estaba tranquila… hasta que los pasillos se llenaron de murmullos. No por alguna pelea, ni por una transformación fuera de control. No. Era porque ella había llegado.

—¡Gil! ¡Gil, sal ahora mismo, jovencito! —se escuchó desde la entrada del colegio, con una voz firme que parecía atravesar la pecera del acuario más profundo.

Todos voltearon hacia la figura alta y elegante que había entrado flotando ligeramente sobre una nube de burbujas. Era T/n Webber, madre del tritón más nervioso de todo Monster High. Llevaba un vestido azul verdoso con escamas brillantes que se movían como olas al caminar, el cabello largo peinado hacia atrás con conchas decorativas, y una mirada entre preocupada y exigente.

Frankie bajó la voz al ver a la recién llegada: —¿Esa es… su mamá?

—Yep —dijo Lagoona con una sonrisa incómoda, haciendo como que revisaba su locker—. La mismísima. Dama del reino marino del norte… y con fama de no dejar que nada toque a su niñito tritón.

Gil salió de un aula, tragando saliva. Su aleta dorsal se alzó del susto al ver a su madre ahí, en plena escuela.
—Mamá… ¿qué haces aquí?

T/n cruzó los brazos y levantó una ceja.
—Me llegó un rumor, uno que decía que te habías quitado tu casco de agua para impresionar a una chica. ¿Es cierto?

Gil parpadeó, nervioso.
—Yo… estaba practicando. Solo fue por un segundo, mamá.

Ella se le acercó rápidamente y revisó su escamas, sus branquias, su tono de piel. Todo. Como si fuera un niño de cinco años.

—¿Un segundo? Gil, sabes lo delicado que es tu cuerpo fuera del agua. ¿Y si te pasa algo? ¿Y si te da un colapso? ¿Y si te deshidratas y quedas como una sardina seca frente a todos?

—¡Mamá! —susurró, rojo de vergüenza mientras los estudiantes se agolpaban para mirar.

—¡Nada de "mamá"! —exclamó T/n con su tono autoritario—. No me importa si quieres impresionar a alguien. Lo primero es tu salud. Segundo, tu educación. Tercero… bueno, ya veremos si esa chica vale la pena.

Lagoona carraspeó suavemente y se acercó.
—Hola, señora Webber.

T/n giró para mirarla de arriba abajo, en silencio. Después de unos segundos… le sonrió.

—Ah… tú eres Lagoona. Sí, ya me hablaron de ti.

Gil abrió los ojos con terror.
—¿Quién te habló de ella?

—Tu padre, por supuesto. Dice que es valiente, decidida, y… no es tritón. —Su sonrisa se tensó un poco, pero no fue grosera—. Aunque… admito que si alguien ha logrado que mi hijo hable sin tartamudear, merece al menos un saludo.

Lagoona rió nerviosa.
—Gracias, señora…

—T/n está bien. Y tú —volteó hacia Gil, bajando la voz un poco y tomándole la cara con ambas manos—. Sé que quieres ser independiente. Sé que estás creciendo. Pero nunca olvides que eres un Webber. Que vienes de generaciones de guardianes marinos. Eres fuerte, sí… pero no estás solo.
—Lo sé, mamá —murmuró Gil, bajando la mirada con ternura.

T/n le acomodó la aleta con cariño, besó su mejilla (Gil casi se muere de la pena) y se alejó entre susurros, cabellos flotando con gracia marina. Mientras se iba, la gente abría paso, admirando su belleza y autoridad.

—Tu mamá… es como una reina del océano —dijo Clawd, sorprendido.

—Más bien una tormenta —respondió Gil, pero con una sonrisa orgullosa.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora