Damian Wayne

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Pedido de maryMcgarden32

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No habías dejado de buscar a tu hijo desde el día en que despertaste y descubriste sus pequeñas mantas vacías. En ese entonces, tu hermana mayor, Talia, te miró con frialdad y justificó su acto:

> —Era necesario. Tú jamás habrías sido capaz de criar a un heredero para la Liga.

Sus palabras te desgarraron. Desde entonces solo quedó un hueco frío en tu pecho. Pasaron los años entre investigaciones silenciosas, sobornos, encuentros furtivos con antiguos miembros de la Liga y noches sin dormir. Todo para dar con el paradero de Damian.

Fue en un corredor de mármol blanco, dentro de un recinto que antes había pertenecido a Ra’s, donde volviste a ver esos ojos verdes. El chico estaba entrenando, con movimientos tan precisos que resultaban antinaturales para alguien de su edad. Algo en tu interior se rompió un poco más al verlo así de endurecido.
Te quedaste quieta, mirándolo con el corazón palpitando. Damian notó tu presencia. Se detuvo con la espada aún en alto, mirándote con el ceño ligeramente fruncido. Parecía confundido, como si hubiera algo en tu aroma o tus facciones que le revolviera el pecho.

No dijiste nada. Te limitaste a sonreírle con suavidad. Fue casi un gesto maternal, el mismo que habías practicado miles de veces frente a un espejo imaginando cómo habría sido verlo crecer.
Damian respiró hondo, su guardia bajó solo un instante. Y aunque no dio un paso hacia ti, tampoco huyó. Fue suficiente. Al menos por ahora.

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🦋 Encuentro

Días después, Bruce Wayne apareció en la misma guarida tras recibir un mensaje tuyo. No había esperado verte ahí, mucho menos en ese estado: cansada, ojerosa, pero con una determinación brillante en tus ojos. Damian caminaba a tu lado con un rastro de incertidumbre en el rostro. Bruce captó la tensión al instante.

—(T/n)... ¿qué está pasando aquí? —preguntó, con voz grave, su mirada fija en Damian.

Antes de que pudieras responder, una figura elegante emergió desde las sombras. Talia. Se cruzó de brazos, esbozando esa sonrisa cargada de superioridad que siempre había detestado.

—¿Qué otra cosa podría pasar? Mi hermana cree que puede quitarme lo que yo forjé.

—No hables de él como si fuera un trofeo —rebatiste con un tono suave pero firme. Sujetaste la muñeca de Damian con un cuidado que te hizo temblar las manos—. Él es mi hijo… y tu sobrino, Talia. Jamás tu soldado.

Damian bajó la vista a tu mano rodeando la suya. Pareció absorber ese calor, un poco sorprendido, casi incómodo. Bruce notó ese pequeño gesto y frunció el ceño.
—¿Es esto verdad? —preguntó Bruce mirando a Talia, quien sostuvo su mirada con un destello de furia.

—¿Importa? —respondió ella.
—Sí. —Bruce fue claro, su voz resonó como un muro.

Hubo un silencio extraño. Damian soltó un leve suspiro y miró a su madre —a ti— como si apenas estuviera comprendiendo el alcance real de todo. Entonces habló, con esa mezcla de arrogancia juvenil y miedo que le era tan propia.
—Quiero saber la verdad. Y… quiero escucharla de ella. —Se refería a ti.

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🌿 Frente a Frente

Así fue como terminaron los cuatro en un salón discreto, donde Talia te observaba con un odio silencioso mientras Bruce se mantenía cerca, casi como un escudo para Damian, aunque su mirada se suavizaba cada vez que se posaba en ti. Había sido inevitable. Había un pasado compartido, uno que Talia jamás podría borrar.

Talia arqueó una ceja, con una mueca que rozaba el desprecio.
—(T/n) siempre fue blanda. Soñaba con jardines, con un hogar… No con un heredero digno de Ra’s al Ghul.

—No me avergüenza haber soñado con eso —replicaste, alzando la barbilla con dignidad—. Y todavía creo que Damian merece algo mejor que tus guerras.

Tus palabras quedaron flotando, pesadas. Damian giró apenas el rostro hacia ti, el ceño fruncido. Se notaba que estaba acostumbrado a escuchar órdenes, no ternura.
Bruce respiró hondo, rompiendo el silencio.
—Tal vez es hora de dejarlo elegir.

Talia apretó los labios, furiosa. Pero incluso ella entendió que ya no podía retenerlo solo con amenazas o retórica. Damian ladeó la cabeza y, con un atisbo de desafío que recordaba más a ti que a Talia, tomó tu mano. Sus dedos no eran cálidos. Estaban fríos, tensos, pero se cerraron con fuerza.

—Quiero ir contigo —dijo, bajito, casi con vergüenza. Como si no estuviera seguro de merecer ese gesto.

Te inclinaste un poco, acomodándole un mechón rebelde detrás de la oreja.
—Entonces vámonos, hijo mío.

Bruce soltó el aire, la tensión cayendo de sus hombros. Talia solo giró el rostro con disgusto. Y tú… tú por fin sentiste que algo dentro tuyo volvía a respirar.

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Así terminó ese día: con Damian caminando a tu lado, aferrado torpemente a tu brazo mientras salían juntos.
Bruce los siguió de cerca, decidido a enmendar tantos errores. Y aunque sabías que la relación con Talia jamás sanaría, ya no importaba. Por primera vez en años, tenías a tu hijo. Y estabas dispuesta a enseñarle que el amor no era una debilidad. Era el verdadero poder que Talia y Ra’s nunca entenderían.
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Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora