Sasuke Uchiha

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T/n regresó a Konoha después de casi dos semanas fuera, cansada pero satisfecha: la misión había sido un éxito

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T/n regresó a Konoha después de casi dos semanas fuera, cansada pero satisfecha: la misión había sido un éxito. Con una sonrisa, caminó por las calles que tanto había extrañado, saludando a comerciantes y conocidos. Pero algo estaba mal.

La aldea, normalmente bulliciosa, estaba extrañamente silenciosa. Los rostros parecían sombríos, evitaban su mirada, y hasta los niños jugaban sin risas.

Al llegar a su casa, encontró a Klamuchi-san esperándola en la entrada, brazos cruzados y mirada grave.

—¿Qué ocurre? —preguntó, bajando su mochila rápidamente—. ¿Pasó algo mientras estuve fuera?

Klamuchi respiró hondo, como si se preparara para lanzar kunais con cada palabra.

—T/n… el clan Uchiha… Itachi…

No necesitó oír más. Un frío mortal le recorrió la espalda.

—¿Qué pasó con Itachi? ¡¿Qué pasó con Sasuke?! —exigió, agarrándole la túnica.

—Itachi… eliminó a todo el clan. Dejó con vida solo a su hermano menor. Es todo lo que sabemos.

Por un segundo, T/n sintió que el mundo se desmoronaba. Itachi, el prodigio que tanto admiraba, el joven amable que jugaba con Sasuke en las tardes… ¿Cómo podía haber hecho algo así?

—¿Dónde está Sasuke? —preguntó con un hilo de voz, temblando.

—El Hokage lo tiene bajo vigilancia temporal. —Klamuchi la miró con compasión, sacando un pergamino del interior de su capa.— Justo iba a llevarte esto. Quieren que tú te encargues de él. Que lo protejas. Que le des un hogar.

Antes de que terminara, T/n le arrebató el pergamino, y salió corriendo.

Sus pies apenas tocaban el suelo mientras recorría la aldea, cruzando callejones y saltando techos. Su respiración era agitada, su corazón un tambor en su pecho. No podía dejar que Sasuke estuviera solo ni un segundo más.

Finalmente, lo encontró. Sentado en un banco del parque, bajo un árbol, con la mirada perdida y el Sharingan aún asomando débilmente en sus ojos enrojecidos por el llanto. Tenía la ropa sucia, las manos crispadas sobre sus rodillas, tan frágil y roto que a T/n se le rompió el alma.

—Sasuke… —susurró, acercándose lentamente.

Él alzó la vista, sus ojos llenos de un dolor tan profundo que parecía no caber en un niño. Al verla, sus labios temblaron.

—T/n… —murmuró, apenas audible. Luego su rostro se quebró, y lágrimas gruesas comenzaron a rodar.

T/n se arrodilló frente a él, lo abrazó con fuerza, envolviéndolo completamente con sus brazos, como si pudiera protegerlo del mundo.

—Ya estoy aquí, Sasuke. No volverás a estar solo, te lo prometo. —Su voz era un susurro ahogado, mientras acariciaba su cabello—. Pase lo que pase, estaré contigo. Siempre.

Y ahí, bajo ese cerezo testigo de tantas primaveras, Sasuke Uchiha lloró en los brazos de T/n, mientras la brisa se llevaba los últimos vestigios de su niñez.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora