Rikki Chadwik (H2O: Sirenas el Mar)

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Rikki Chadwick

El día había comenzado igual que cualquier otro: con la puerta del refrigerador abierta más tiempo del necesario y Rikki buscando una excusa para no ir a clases

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El día había comenzado igual que cualquier otro: con la puerta del refrigerador abierta más tiempo del necesario y Rikki buscando una excusa para no ir a clases.

—No tengo ganas, mamá. —dijo cruzada de brazos, con el flequillo tapándole un poco los ojos.

T/n la observó desde la cocina mientras removía el té.

—Y yo no tengo ganas de seguir pagando facturas con retraso, pero aquí estamos. Anda, muévete.

Rikki resopló. Rebelde, sí, pero T/n la conocía más allá de sus desplantes. Sabía que tras esa fachada había una niña sensible, que se había tenido que endurecer muy pronto por las circunstancias.

Esa noche, sin embargo, algo cambió.

Cuando T/n regresó a casa del trabajo, notó la puerta entreabierta. El calor era sofocante y el aire olía a electricidad. En el baño, las luces parpadeaban y... ¿había vapor saliendo desde la bañera?

—¿Rikki? ¿Estás bien?

Un portazo la asustó. Rikki apareció desde el pasillo, empapada hasta los huesos y envuelta en una toalla que apenas podía sostener con lo rápido que caminaba.

—¡No entres al baño!

—¿Qué pasó?

—¡Nada! Me... me caí al canal. Es todo. Estoy bien.

Pero T/n notó el brillo dorado en los ojos de su hija. Notó cómo las gotas de agua que escurrían de su cabello chispeaban como si hirvieran al tocar su piel.

Más tarde esa noche, cuando pensó que T/n dormía, Rikki intentó escabullirse. Pero no fue más rápida que una madre preocupada.

—Te vi. No tienes que esconderte, Rikki.

—Mamá...

—¿Qué te pasó?

Rikki dudó. Pero sus ojos se humedecieron. Las palabras salieron como un susurro quebrado:

—No soy normal, mamá. Algo me pasó... cuando fuimos a la Isla Mako. Hay una luna... y un estanque... y ahora, cuando toco el agua... ¡me convierto en una sirena!

El silencio que siguió fue largo. T/n no reaccionó con gritos ni con sorpresa. Sólo se acercó, puso una mano en su mejilla y la atrajo a su pecho.

—¿Una sirena, eh? Bueno... eso explicaría lo rápido que se evapora el agua cuando cocinas sopa.

Rikki se rió entre lágrimas. Esa risa temblorosa de cuando el miedo se disuelve en amor.

—No me importa lo que seas. Sirena, humana, rebelde sin causa... Eres mi hija, y eso no va a cambiar.

—¿No te asustas?

—¿Tú me has visto un lunes por la mañana? Nada me asusta.

Las dos rieron. Y por primera vez en mucho tiempo, Rikki se sintió completamente segura. Porque no importa cuán extraño se vuelva el mundo… si mamá está ahí, no hay nada que temer.

Mamá de......Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora