En esta historia tu serás la mamá/esposa/novia/tía/abuela/niñera de el personaje que ustedes gusten.....
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•★•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•
•◌•◌•◌•◌•◌•◌•◌•...
Ya casi ni te sorprendías cuando escuchabas eso. Pero igual corriste por los pasillos del dormitorio de la Clase 1-A, siguiendo a Kirishima mientras Bakugou se quejaba al fondo: —¡Ese idiota otra vez se sobrecargó como si tuviera dos neuronas!
—No lo insultes, ¡él solo quería impresionar a los demás! —gritó Mina, riéndose mientras trotaba detrás tuyo.
Cuando llegaste al salón común, ahí estaba.
Denki, tu hijo, con los ojos en espiral y una sonrisita boba.
—Heh... soy... electricidad...
Suspiraste con una mezcla de ternura y desesperación. —Ay, Denki…
Te acercaste, te agachaste a su altura, y con una sola mirada de mamá profesional, ya sabías qué hacer. Sacaste de tu bolso un pequeño dulce azucarado —su favorito desde los cinco años— y se lo metiste en la boca.
—Aguanta, pequeño rayo. Mamá está aquí.
Los demás se quedaron en silencio un momento. No estaban acostumbrados a ver a alguien controlar tan bien a Kaminari. Lo veían como un torbellino constante de energía y caos. Pero para ti… él seguía siendo el niño que se electrocutaba sin querer cada vez que tenía fiebre.
---
—No tienes que venir cada vez que me pasa eso, mamá… —se quejó él más tarde, ya más lúcido, sentado a tu lado con una toalla en el cuello.
—¿Y dejar que te chamusques solo? Por favor. Me falta ponerle GPS a tus calcetines, Denki.
Él se rió, rascándose la nuca.
—Ya no soy un niño…
—No, pero sigo siendo tu madre. Y eso no cambia aunque te gradúes, te cases, o tengas tu propia agencia de héroes.
Se quedó en silencio. Luego te miró. —¿Me vas a seguir llamando "mi pequeño voltio" frente a mis amigos?
—Definitivamente.
—Mamáaa… —gimió, poniéndose rojo.
—¿Qué? No me mires así. Yo fui la que tuvo que cambiarte los pañales cuando accidentalmente electrocutaste tu propio sonajero.
Él se tapó la cara. Los demás que escuchaban desde la cocina (Jirou, Sero, y Tokoyami disimulando) no pudieron evitar reír.
---
Más tarde, cuando él creyó que ya estabas dormida en la habitación de invitados, entraste en su cuarto para cubrirlo bien con la manta. Dormía con la boca abierta, como siempre.
—Gracias por seguir siendo tú —le susurraste al oído—. Tan alegre. Tan impulsivo. Tan eléctrico.
Le dejaste un beso en la frente. Y aunque él no lo admitiera… esa carga emocional era la que más le daba energía..