El invierno londinense golpeó con una ferocidad inusual la noche en que los hermanos Vane decidieron que el imperio Styles era vulnerable. Harry y Niall estaban en el muelle supervisando un cargamento crítico cuando las alarmas de la mansión estallaron.
El golpe fue quirúrgico: un ataque coordinado para decapitar a la familia mientras el Capo estaba fuera.
Ana estaba en la biblioteca, revisando los libros contables, cuando el primer estallido sacudió los cimientos.
Un dolor agudo, punzante y rítmico le atravesó la pelvis, haciéndola doblarse sobre el escritorio de roble. No era una contracción de entrenamiento. El heredero había decidido que el caos era el momento perfecto para reclamar su trono.
—¡Señora! —Niall entró derrapando por el pasillo, con su subfusil en mano y el rostro manchado de pólvora. Había regresado a toda prisa al intuir la emboscada—. Han saltado el muro perimetral. Harry está abriéndose paso desde el puerto, pero tardará diez minutos.
Ana se incorporó, aferrándose al borde del escritorio. El sudor le perclaba la frente y una nueva contracción la dejó sin aliento, pero sus ojos brillaban con una determinación gélida.
—Niall... —jadeó, sintiendo el líquido caliente correr por sus piernas. Había roto fuente—. El bebé viene ahora. Pero si los Vane cruzan esa puerta, no habrá futuro que proteger.
Se despojó de su bata de seda, revelando la funda de cuero que Niall le había enseñado a usar, ajustada sobre su vientre prominente. Tomó el radioteléfono del escritorio, conectándose a la frecuencia de seguridad de toda la mansión.
—A todas las unidades —la voz de Ana sonó firme, autoritaria, a pesar del jadeo de dolor—. Soy la Sra. Styles. El Capo no está, así que mis órdenes son ley. Formación de embudo en el vestíbulo principal. No disparen a matar hasta que crucen el umbral; quiero que los cuerpos sirvan de advertencia. Niall, tú eres mi escudo. Los demás, si dejan pasar a un solo hombre, yo misma me encargaré de sus familias.
Niall la miró con una mezcla de horror y absoluta adoración. Ella estaba en pleno parto, pero estaba dirigiendo una guerra.
El asalto final ocurrió en la gran escalinata. Ana estaba sentada en una silla de terciopelo en lo alto del rellano, con las piernas abiertas y Niall arrodillado entre ellas, no solo para protegerla, sino para asistir el nacimiento que era inminente. Ella sostenía su Glock con ambas manos, apoyando los codos en sus rodillas mientras otra contracción la obligaba a pujar.
—¡Vienen! —gritó Niall, abriendo fuego sobre los tres primeros mercenarios que irrumpieron por la puerta principal.
Ana apretó los dientes, sintiendo la cabeza del bebé presionando. Entre jadeo y jadeo, disparó. Tres veces.
Tres balas que encontraron su objetivo en el pecho de los atacantes que intentaban subir las escaleras.
—¡Puje, Ana! —rugió Niall, soltando su arma un segundo para recibir al niño mientras el eco de los disparos retumbaba en el mármol—. ¡Harry está en la puerta trasera! ¡Solo un poco más!
La puerta principal saltó en pedazos cuando Harry Styles irrumpió como un demonio surgido del infierno, barriendo con lo que quedaba de los Vane desde atrás. Pero se detuvo en seco al pie de la escalera.
Arriba, Ana Styles soltó un grito desgarrador que silenció incluso el estruendo de la batalla. Con un último esfuerzo, disparó la última bala de su cargador hacia el techo y se desplomó hacia atrás.
Niall, con las manos ensangrentadas —mezcla de la sangre de los enemigos y la vida de su Reina—, levantó a un niño que lloraba con la misma fuerza que un trueno.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
