Extra 2

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Año 2018

Narrador omnisciente:

El matrimonio de Alexia y Nate sin duda es todo lo que siempre quisieron, ambos vieron las relaciones de sus respectivos padres y no querían repetir esos patrones, por fortuna no lo han hecho ni lo harán.

El pequeño Logan Archibald nació hace tres semanas, ahora son cuatro integrantes en la familia y los días han sido maravillosos, pero también están cargados de responsabilidades, pues el matrimonio ha reducido sus horas de sueño considerablemente, pero sabían que no sería fácil porque es su segundo hijo.

Son casi las cuatro de la madrugada, Lexi está sentada en la cama sosteniendo al pequeño Logan en sus brazos mientras él se acopla a su pezón para extraer leche con bastante hambre, algo a lo que su madre ya se ha acostumbrado, pero sigue siendo un poco agotador.

Minutos más tarde se despega del pezón y observa a su madre con ojos curiosos, Lexi desliza la punta de su nariz en la cálida mejilla de su bebé mientras sonríe con amor, sus ojos se cristalizan producto de la felicidad.

En cuanto a su esposo Nathaniel, él está en la acogedora habitación de Olivia para tratar de hacerla dormir, pues la pequeña rubia se despertó con el vigoroso llanto de su hermanito y no tiene intenciones de querer descansar.

—Princesa, es muy tarde —le dice Nate con suavidad mientras le acaricia el sedoso cabello rubio—. No podemos llamar al tío Chuck a esta hora de la noche.

Olivia frunce los labios y sus ojos azules se cristalizan considerablemente pero no derrama ninguna lágrima, lleva varios minutos exigiendo ver a su tío Chuck para que él le cuente una historia para dormir.

—Sabes que el tío Chuck vendría de inmediato si lo llamamos, pero tienes que pensar que es muy tarde y él está con su familia —le explica Nate a su hija de tres años—. No puede venir.

Nate deja escapar un suspiro mientras observa esos preciosos ojos azules y ese pequeño rostro cargado de inocencia. El puchero que sigue instalado en sus labios le rompe el corazón, pero sabe que su pequeña princesa es caprichosa.

—Pero, papi... —se queja Olivia luego de bostezar, cruza los brazos sobre su pijama morado de nubes—. El tío Chuck siempre me cuenta mejores cuentos que tú.

Nate reprime una sonrisa ante las palabras de su hija, Chuck ha sido su tío favorito casi desde el primer momento en que nació, tienen un vínculo igual de fuerte como el que tiene con Lexi desde hace años.

—¿En serio? —cuestiona Nate con falsa ofensa—. ¿Así que el tío Chuck cuenta mejores historias que yo?

Olivia asiente con la cabeza de forma efusiva mientras un brillo travieso cruza su mirada. Nate se sienta en el borde de la cama y comienza a hacerle cosquillas en el abdomen, eso provoca risas y chillidos suaves de la pequeña.

—¡Papá! —exclama Olivia divertida, tiene las mejillas sonrojadas por la risa.

—Está bien, está bien, princesa —Nate deja de hacerle cosquillas—. ¿Qué te parece si esta noche te cuento una historia distinta?

—¿Cuál? —indaga Olivia con cierta curiosidad.

—Un cuento sobre una princesa que tenía el cabello dorado más brillante de todo Nueva York.

—¿Cómo yo y mamá?

—Exacto —afirma Nate con voz cálida.

Olivia finalmente cede y deja que Nate la arrope para escuchar la historia, él inventa un cuento sobre una princesa que vivía en un ático lleno de luces y soñaba con volar sobre la ciudad. Ella empieza a relajarse, sus párpados se vuelven pesados y su respiración se hace más lenta.

ꜱᴀꜰᴇᴛʏ ɴᴇᴛ | ɴᴀᴛᴇ ᴀʀᴄʜɪʙᴀʟᴅ ✓Donde viven las historias. Descúbrelo ahora