CAPITULO 87

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Drystan seguía a Evangeline en silencio, desde que los ancianos la llamaron para avisarle que pronto vendría un pretendiente a cortejarla se había empezado a comportar de manera extraña. Lennox negó saber algo sobre aquel hombre, incluso se sentía confuso al escuchar su nombre.

-Puede rechazarlo, si no le gusta, mi señora. – el guardián intentaba calmarla de la mejor forma posible. – No está obligada a aceptarlo si no le gusta.

-¿Cuánto crees que tardaran en buscar a otro hombre? – Drystan se quedó en silencio. - ¿A cuántos hombres puedo rechazar? Incluso mi hermano insistió en que buscara a alguien con el que casarme.

-El duque tan solo lo dijo para molestarte. – sonrió, molestando aún más a Evangeline. – Mi señora, no debería preocuparse, aún falta una semana para que él venga.

El guardián noto la frialdad de los ojos de Evangeline cuando lo miró, sus intentos por animarla estaban fallando estrepitosamente. Tristán se burlaría de él si estuviera allí.

-Iremos a Borsir. – sentencio Evangeline finalmente. – Madre dijo que podíamos ir cuando quisiéramos, tan solo tenemos que preparar las maletas.

-No creo que sea una buena idea, señorita. – suspiro. - ¿Cuánto tiempo pretende pasar en Borsir? No creo que los ancianos le permitan estar tanto tiempo fuera de palacio.

-Estoy viendo tus intenciones, Drystan. – lo miró con rabia. – Pensaba que tú me comprendías, y estabas en contra de los pensamientos de los ancianos, pero ahora veo cómo quieres aprovecharte de la situación para deshacerte de mí.

Ambos se detuvieron antes en la puerta de la habitación, Drystan no tuvo el valor de responder ante la acusación de Evangeline. Desde siempre había sabido que él por más que quisiera y soñará, no podría estar junto a su señora como pareja. Parecía que la única que no lograba entender aquella situación era ella, ya que estaba empeñada en que tenía a todo el mundo en su contra.

-No puedes entrar en mi habitación a partir de ahora, Drystan. – el guardián se quedó en silencio. – Tendrás que esperar a que salga.

-Mi señora... - Evangeline negó con la cabeza. – Cumpliré con sus deseos.

Drystan sintió con el corazón se detuvo cuando la puerta se cerró tras Evangeline, ella ni siquiera se permitió mirar hacia atrás para comprobar si el guardián seguía con ella. Por primera vez desde que se había convertido en su guardián, su señora le prohibía entrar con ella a su habitación.

Evangeline se sentó agotada en la silla de su escritorio, mientras pensaba en la manera de deshacerse del nuevo pretendiente. No le importará que él sufriera en el proceso si con eso conseguía estar un tiempo más junto a Drystan.

Releyó de nuevo uno de sus libros favoritos, antes de empezar a buscar los ingredientes. Ese libro la había ayudado en muchas ocasiones, para mantener a los hombres alejados de ella, él único al que no le había surgido efecto fue a Drystan, el guardián la sorprendió cuando intentó quitarle algunos cabellos para quemarlos.

-Es un completo idiota, insolente. – gruño. – Cabeza hueca, aún no comprende lo que significa.

Pasaba las hojas con mala gana mientras los insultos hacía Drystan iban incrementándose, sabía que él podría escucharla, no se habría separado lo suficiente de la puerta para dejarla completamente sola. Así que quería que supiera como se estaba sintiendo.

-Eres peor que mi hermano, idiota. – lo insulto cada vez más molesta. – Tienes serrín en el cerebro, tanto entrenamiento te ha dejado... - cruzó sus brazos con tristeza. – No ves que no quiero que nada de eso suceda, deberías ayudarme un poco aunque sea, Drystan.

Evangeline deseo que el guardián empezar a tener dolor de estómago al menos durante unas horas para que comprendiera lo que estaba pasando en aquel momento. Aunque esperaba que su amuleto resistiera a cada una de las maldiciones que le estaba mandando. Se encontraba demasiado confusa para pensar con tranquilidad.

Rebusco en su cajón la máscara que Drystan había llevado durante la presentación de Nolan a los nobles. Recordaba cómo el guardián se sentía avergonzado por tener que llevar algo tan llamativo, pero en ningún momento hizo nada para quitárselo, incluso cuando Tristán se burló de él. Drystan le respondió que era un deseo de su señora, y lo llevaría hasta que ella le pidiera que se lo quite, no le importaba lo que pensaba su hermano.

-Siempre siguiendo órdenes. – se quejó. – Me hubiera gustado que te hubieras negado en algún momento.

Evangeline se había acostumbrado a guardar todo lo que le había pertenecido a Drystan en algún momento, como los primeros guantes que llevo al convertirse en guardián, o el pañuelo que utilizo en la fiesta de disfraces que se celebró en Arife. Lennox había sido claro con ella en aquel momento, no quería que fuera a aquel lugar, pero ella lo ignoro. La muerte de su padre había sido hacía apenas unos meses y todo era un completo caos, ella tan solo quería olvidarse de lo que estaba sucediendo en palacio.

Drystan fue duramente castigado por los ancianos cuando volvieron de la fiesta, el guardián nunca le contó lo que había ocurrido realmente, ni quien había sido quien se había ofrecido como su verdugo en aquella ocasión. La ropa del guardián se manchaba con facilidad en aquella semana, ni siquiera le permitió ver sus heridas, Drystan la esquivaba cada vez que se acercaba y con una sonrisa le decía que estaba bien, no debía preocuparse por él.

No le guardo rencor, que ella supiera. Drystan siguió tratándola como su señora olvidándose que había sido castigado por su culpa.

El cariño que sentía con el guardián fue creciendo a medida que el tiempo pasaba, sin que se diera cuenta, paso de la admiración al amor en poco tiempo. Los celos no tardaron en llegar cuando veía que Drystan hablaba con alguna de las doncellas, le molestaba demasiado que le prestará atención a alguien que no fuera ella.

-Deberías saber cómo me siento, siempre te has burlado de mi hermano por conocerme mejor que él. – se rio con amargura. – Incluso te sentías orgulloso por saber más que mi propia madre ¿Qué te ocurre ahora?

Su deseo de convertirse en una persona igual que Drystan fue incrementando, el guardián no pondría tantas trabas si ella fuera doncella, estaba segura de que si eso hubiera pasado, ya lo habría hecho hacía mucho tiempo.

-¿Cuánto tiempo crees que tenemos? – preguntaba esperando alguna respuesta de su parte. – Primero será él ¿Cuántos crees que podré rechazar? Pronto se enfadaran, ya no soy tan joven como para jugar con ellos.

"Continuaré a tu lado, hasta el día en que decidas que debo irme." Recordaba las palabras que le dijo Drystan cuando le anuncio que debería casarse con alguien pronto. "Seré tu guardián, si me lo permites. Me iré cuando no me necesites. No te guardaré rencor, mi señora." No podía entender cómo podía ser tan terrible.

-¿Lucharías por mí? O ¿Dejarías que ellos eligieran por mí? – se burló. - ¿Cuánto serías capaz de hacer por nosotros?

Drystan no era capaz de levantar la cabeza del suelo al escuchar las palabras de Evangeline, se sentía atrapado en la trampa que el mismo se había tejido.

-Mi corazón dejaría de latir, y viviría formando parte de tu sombra, hasta el día que el amanecer decidiera que es el momento de mi partida, mi Afrodita.

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Drystan desea convertirse en alguien que pueda proteger a Evangeline, aunque sea como su guardián.

Espero que os haya gustado :)

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¡Maldito, pequeño doncel!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora