Nolan había establecido un par de normas para que Lennox y Pietro pudieran acercarse a él, incluso pensó en aplicarlas también en Rudolf, pero las descarto. No podía soportarlos durante más tiempo encima de él, así que tuvo que tomar medidas para mantenerlos lo más alejado de él posible. Evangeline le ayudo a escribir algunas de esas normas.
Entre ellas estaba prohibido tocarle el vientre más de dos veces seguidas, Simba tenía la orden de atacar a cualquiera de los dos si no cumplían con lo establecido. El duque se quejó diciendo que era una norma demasiado excesiva, he intentado convencerlo de que la cambiara, algo que Nolan se negó a hacerlo.
Pietro tenía terminalmente prohibido preguntarle si se encontraba mal, o preocuparse en exceso si emitía algún sonido al que su guardián catalogaba como extraño. Tampoco tenía permitido tocar su vientre cada vez que se acercaba a él.
El doctor Wilhmer lo ayudo de cierto modo, sin que él se lo pidiera. No dudo en comunicarle al duque que el bebé se encontraba demasiado estresado desde la última revisión, y Nolan no dudo en incriminarlo diciendo que no lo dejaba descansar lo necesario. El feto estaba sobre estimulado por culpa de Lennox y eso era lo que le causaba la mayor parte del tiempo dolores de barriga.
Lennox agacho el cabeza avergonzado, aunque no se culpaba de nada de lo que había hecho, Nolan pudo escuchar cómo dijo que lo volvería a hacer, tan solo para asegurarse de que todo estuviera bien en aquel momento.
-Escuchaste al doctor ¿verdad? – pregunto molesto Nolan, Lennox había empezado a sobarle el vientre de nuevo. – Estás estresando al bebé.
-No estoy incumpliendo ninguna de tus normas, querido. – rio con ternura, mientras continuaba con su mano en el vientre. – Esto está bajo tus peticiones.
-Llevas diez minutos con tu mano en mi vientre, Lennox. – gruño por lo bajo. – Es demasiado tiempo, al bebé le molesta que estés siempre despertándolo, el doctor dijo que era peligro estresarlo demasiado.
-Puedes dormir, querido. – sonrió. – No te voy a molestar.
Lennox había decidido que era buena idea mudarse a la habitación de Nolan después de que el doncel interpusiera las normas. Usaba la excusa de que no estaba ocupado para poder quedarse con él. Rudolf y Pietro tenían que esperar fuera, ya que no tenían permitido molestar a sus señores durante las horas de sueño.
Evangeline volvía a su habitación cuando Lennox llegaba, haciendo un pequeño intercambio entre ellos. Nolan siempre le pedía que se quedará, pero su querida amiga la traicionaba noche tras noche sin ningún tipo de piedad.
-Duerme querido. – Nolan entrecerró los ojos. – Voy a cuidarte mientras tanto.
-Podrías quitar tu mano, por favor. – el duque negó con disimulo mientras pellizca un poco de su grasa. – Lennox, no puedo dormir así.
-Tan solo tienes que cerrar los ojos, y no pensar en nada. Verás cómo pronto te dormirás.
Suspiro indignado y se dio la vuelta sin molestarse ni siquiera en mirar a Lennox, el duque no tardo en adquirir otra pose de protección sin apartar la mano de su vientre. Simba dormía en los pies de la cama desde hacía un par de minutos, había abandonado a Nolan después de recibir carne extra para la cena, haciendo una especie de trato con Lennox. El doncel se estaba pensado seriamente si podía confiar en Simba.
Pietro y Rudolf se encontraba en el pasillo, completamente callados. No hubiera sido la primera vez que los regañaban por ser ruidosos, así que el pequeño guardián se comportaba con seriedad delante de su mentor. Lo que le causaba algo de risa a Pietro, veía como intentaba aumentar unos centímetros para poder llegar a su altura, y también lo imitaba en algunas poses.
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¡Maldito, pequeño doncel!
RomansaUn doncel debe ser respetuoso, callado y delicado. Esa explicación no convence demasiado a Nolan. Cuando escucho que debía de ser sumiso hacía su prometido, empezó a reír. Y la guinda del pastel fue que tenía terminalmente prohíbo subirse a los árbo...