Pov. Katniss
La honestidad debería funcionar. No más secretos o mentiras. Pensé que lo mejor sería simplemente decirlo. Dejar salir la verdad antes de que otro segundo pasara. No sabía cómo lo iba a tomar. Si diría algo o no, sabía que no sería tan malo como un enfrentamiento con Pearce. Eso fue lo que pensé.
Resulta que esto es peor. Mucho peor. Por un breve momento creí que las cosas estarían bien entre Peeta y yo. Creí que me diría que todo estaría bien y que lo dejaríamos atrás. Que me diría que no era culpa mía y que lamentaba todo lo que estaba sucediendo. Que tal vez me diría que lo que más lamentaba era no recordar. En cambio, en el momento que las palabras escaparon, una coraza lo cubrió. Vi cómo ocurría. Se endureció contra mí, con un brillo en sus ojos que, por una vez, no era indiferencia o confusión.
Estaba enojado, resentido, y en ese momento, no pudo disimularlo. Trató de ocultarlo, lo cual empeoró todo, pero fue demasiado para que siquiera lo intentara, y lo que dijo me hizo sentir peor que cuando Pearce me gritó al descubrir que dormí con Peeta. Bueno, en este punto, quién sabe si me acosté con Peeta, ya que ni siquiera lo recuerda.
Es posible que Pearce me engañara, que se deslizara y viniera por un polvo fácil. Donde no tuviera que responder a ninguna pregunta o dar una pelea. Conducimos por una hora y la tensión en el auto es sofocante y no puede ser ignorada. Quiero decir algo, pero las palabras no vienen, no sé qué decir. ¿Cómo desmentir lo que dijo? Este hombre, estos dos hombres que amo más que nada, excepto a mi hija. Tanto que me cortan tan profundo, como nadie más lo ha hecho, solo que usan dos cuchillos diferentes.
Me siento cansada, mi cuerpo está descansado y con energía, pero mi mente se siente como que va a apagarse o colapsar. Peeta no me ha dicho nada desde que entré al auto. La dura coraza sigue ahí y sus cálidos ojos azules miran al frente mientras dejamos atrás el pequeño pueblo que Pearce me mostró. Me pregunto qué estará pensando, si me odia. Es difícil pensar en Peeta odiando a alguien, pero por la forma en que está actuando, sé que no le agrado mucho en este momento. El único pensamiento que me da algo de consuelo es que, si no le importara, no estaría tan molesto. ¿Pero de qué sirve eso ahora?
Mi teléfono suena y lo saco de mi bolsa.
—Oh no —digo en voz alta.
—¿Qué pasa? —Su tono es más seco que un desierto y sus ojos ni siquiera me miran.
—Es Helen. Olvidé completamente nuestra reunión —suspiro.
—Si hay un buen momento para hablar con ella, probablemente este sería tan bueno como cualquier otro —murmura.
—Helen. Hola, lo siento. Es solo que muchas cosas han pasado en los últimos dos días —digo, tratando de enfatizar mi sinceridad.
—Me lo imaginé. Pearce llamó a Dexter ayer —revela ella.
—¿Lo hizo? —digo, tratando de no sonar completamente sorprendida.
—Por la forma en que estás hablando, puedo decir que Pearce ahora es Peeta — deduce.
—Realmente nos encantaría verte. A-a mí me encantaría. Realmente me vendría bien tu ayuda en todo esto —digo en voz baja, deseando tener mayor privacidad que solo un par de centímetros. Es curioso que en solo unos cuantos días pasara de despreciar a Helen y de tener ganas de patearle el trasero, a querer hablar con ella más que nada.
—Está bien. Qué te parece si nos vemos en Michigan mañana en la noche — pregunta y dejo salir un suspiro de alivio.
—Eso sería increíble.
ESTÁS LEYENDO
Pedazos
Romance¿El amor lo puede todo? ¿Realmente se conoce a la persona con quien vivimos y amamos?
